Hay que poner coto al uso torcido de las conquistas de la ciencia. Un ejemplo de tales abusos son las enmiendas propuestas por el Senado italiano en el proyecto de ley sobre fecundación asistida, que afortunadamente no han prosperado. Admitían la fecundación en la que interviene una persona ajena a los padres: esto es muy peligroso pues de un donante de semen pueden surgir muchos hermanos biológicos que no lo sepan, con los consiguientes incestos biológicos y transmisión de enfermedades hereditarias. Además, no ponían límite de edad, con lo que se facilitaba la insensatez de que hubiera madres a los 60 años. Asimismo, cancelaban la tutela de los derechos del concebido a conocer su origen biológico, lo que supone, en el plano antropológico, la pérdida de toda referencia a la paternidad y a la maternidad. Y suprimían la obligación de informar a la pareja sobre los riesgos colaterales de la inseminación artificial, concretamente, que supieran que la mayor parte de sus embriones, es decir de sus hijos, ser¡an sacrificados por aquel onico ni_o que sobrevivir¡a. La ley anterior ten¡a al menos como referencia la tutela del hijo. En esas enmiendas aquella atenci¢n no exist¡a. Pon¡an en primer lugar los deseos de la pareja, un presunto «derecho» a tener un ni_o a como d’ lugar. Y esta es una opci¢n dictada por un individualismo desenfrenado y ego¡sta.
Juan Manuel Molina Vald’s
Diplomado en Estad¡stica e Investigaci¢n Operativa
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