Estoy de acuerdo con el diputado Ollero, Portavoz de Justicia del PP, en que ni la pena de muerte ni la cadena perpetua servirían para remediar el problema terrorista, porque convertirían a los asesinos en héroes y que en cambio hay que castigar más severamente a sus cómplices, a los que están en la lucha callejera, etc. Sin embargo, la actual legislación, que permite por ejemplo que dentro de 25 años la hija de Luis Portero pueda encontrarse en un bar con el asesino de su padre, chuleándose de ella, me parece tremendamente injusta. Las penas deben buscar la rehabilitación del delincuente, sí; pero sin prescindir de su función tanto punitiva y disuasoria como de proteger a la sociedad respecto del agresor. La pena de muerte impediría intentar la rehabilitación. Y la cadena perpetua no la facilitaría, al cerrar todo horizonte de esperanza y por tanto todo aliciente hacia la rectificación. Pero el sistema actual fomenta la impunidad. Por eso, pienso que habría que corregirlo en la línea de lo que ha propuesto Pedro J. Ram¡rez: que gente con delitos as¡ no pueda salir a la calle despu’s de los 25 a_os mientras un tribunal no estime que se han rehabilitado. Cadena perpetua, no: pena indefinida.
Carla Serrano Saquet
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