Cuando hice mis primeros estudios se me inculcó el «dogma» de que la Iglesia católica está en contra del progreso científico. A mí, que siempre me ha gustado la Historia, empecé a tener dudas de «esa» fe, al contrastar el desarrollo cultural del Occidente cristiano con el anquilosamiento de otras civilizaciones, al ir conociendo que fueron los monjes los transmisores y promotores de la ciencia en el medioevo y al advertir que, más recientemente, ha habido muchos cristianos -y entre ellos algunos clérigos- que han sido pioneros del avance en el campo de la genética y de la física. Ahora, con la movida que se ha liado a cuenta de la clonación, se ha puesto muy difícil creerse ese «dogma». Está quedando muy claro que hay dos bandos irreconciliables: los que reconocen que todo logro científico-técnico ha de someterse al bien de todo el hombre y de todo hombre, y los que quieren usar la ciencia sin otra referencia que la de su propio beneficio económico. Lógicamente éstos no pueden ver a la Iglesia, que les recuerda la iniquidad de sus tejemanejes, y tratan de justificarse encasill ndola en el oscurantismo retr¢grado. Pero lo tienen bastante dif¡cil. Cada vez menos van a ser capaces de creer que el descubrimiento de una t’cnica inhumana sea verdadero progreso.
Camilo Amaro Alonso
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