No digo que estemos como en Bélgica u otros paraísos de los pederastas, pero la aplicación de nuestra ley de protección del menor es de risa. Tenemos las franjas horarias de audiencia de menores llenas de violencia y pornografía, y no pasa absolutamente nada. Tenemos los quioscos por los que pasan muchísimos niños, infestados de imágenes pornográficas, y no pasa absolutamente nada. Las seminudistas femeninas campan como por el baño de su casa por las playas y piscinas frecuentadas por menores, y no pasa absolutamente nada. Uno mira la ley de protección del menor y todo esto es totalmente ilegal. Pero esas leyes son papel mojado. Y encima, van un montón de ciudadanos en Vitoria y se quejan al Ayuntamiento de estos hechos, y cuando el Ayuntamiento empieza a aplicar la ley, se le echan encima algunos tachándole de oscurantista. Así nos van las cosas con tanta impunidad en todo: en el terrorismo de «baja intensidad», en la movida, en la droga, en la venta de alcohol a menores, en lo que quieras. +Nos extra_amos luego de que en un ambiente as¡ proliferen cada vez mayores desmanes? Deben controlarse los productos que puedan perjudicar al menor. Si un adulto, que ya sabe lo que son las cosas, quiere perjudicarse, all ‘l. Pero nunca a costa de perjudicar a los menores de edad.
Mar¡a Josefa Jim’nez Molina
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