No consigo acostumbrarme a los ataques que -descarada o subrepticiamente, según los casos- algún medio de comunicación suele propinar a la Iglesia católica. Pero como no tenemos otro, no me queda más remedio que consultarlo para ver las esquelas. Y cuando tengo el ánimo lo suficientemente alto como para arriesgarme a una de masoquismo, incluso lo ojeo. Es lo que me pasó el 25 de agosto, en que la redacción del periódico no defraudó mis expectativas. Como no les quedó más remedio que informar de que la Santa Sede había condenado sin paliativos la utilización de embriones como material biológico, diez páginas antes metieron un artículo titulado ½Perder el miedo a la clonación terapéutica+. Nada tendría que oponer a que el diario planteara ese contraste, si el artículo no estuviera firmado por un teólogo con un cargo en la diócesis de Guadix. Esto es lo que yo llamo traspasar el límite de lo tolerable en la práctica de nuestra proverbial ½malafollá+. Y son ganas de provocar perplejidad en el lector menos entendido en estas cuestiones, as¡ como de confundir a la opini¢n poblica, que puede sacar la idea de que la Iglesia no lo tiene claro cuando, en realidad, lo onico que sucede es que un cura no est cumpliendo la obligaci¢n de aceptar el Magisterio aut’ntico, que asumi¢ al hacer la profesi¢n de fe que tiene que realizar quien toma posesi¢n de un cargo eclesi stico.
Mar¡a L. Garc¡a Montoro
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