Ante la extensión de la epidemia en -frica, ¿Qué hace la Iglesia para combatir el SIDA? La extensión del SIDA en el -frica subsahariana revela que la política de prevención seguida hasta ahora ha sido ineficaz. Por lo general, se ha limitado a promover el uso del preservativo, sin proponerse cambiar los comportamientos. A veces se acusa a la Iglesia católica de estorbar los esfuerzos para la prevención del SIDA por oponerse a esta política centrada en el preservativo. Me he quedado impresionado de lo que ha declarado en un medio de comunicación el médico y sacerdote francés Jacques Saudeau, del Pontificio Consejo para la Familia, que expilca lo que explica qué está haciendo la Iglesia en -frica en la lucha contra el SIDA. El drama del SIDA afecta hoy especialmente al -frica subsahariana. El 70% de las personas seropositivas del mundo, es decir, 23,3 millones, vive en -frica subsahariana, región que tan solo cuenta con el 10% de la población mundial. La mayor parte de estos enfermos morirá en los pr¢ximos diez a_os. (…) Desde que comenz¢ la epidemia, en -frica han muerto ya 11,5 millones de personas, el 83% de los muertos por SIDA en el mundo. En 1998 murieron 2,2 millones por SIDA, frente a 0,2 millones a causa de las distintas guerras.
En primera l¡nea
La Iglesia cat¢lica no ha permanecido indiferente ante la situaci¢n. Al contrario, desde el inicio de la epidemia, la Iglesia ha estado presente con sus hospitales y centros de cuidados espec¡ficos, con las parroquias, el servicio de los religiosos y las religiosas, las organizaciones locales de ayuda a los enfermos, etc. La Iglesia en -frica ha estado en la primera l¡nea de la lucha contra el SIDA.
Los miembros del Pontificio Consejo para la Familia, en colaboraci¢n con las distintas conferencias episcopales, hemos organizado numerosas reuniones con los m’dicos y las enfermeras comprometidos en esta lucha, para estudiar el tema y proponer soluciones. La mayor parte de estos encuentros han sido en los pa¡ses afectados, donde hemos visto una labor constante, eficaz y discreta. Es preciso reconocer, sobre todo, la admirable dedicaci¢n y la singular generosidad de tantas personas que atienden a los enfermos en sus casas. Labor que hemos podido constatar en Uganda, Kenia, Tanzania, Ghana, Costa de Marfil, Benin, Repoblica Centroafricana y Burkina-Faso, y que consiste en apoyo humano, ayuda m’dica y, con frecuencia, alimentaria. Para comprender la realidad del SIDA en estos pa¡ses se deber¡a acompa_ar a los voluntarios en su ronda de visitas y ver las situaciones ante las que se enfrentan. (…) Se deber¡a valorar la labor de las religiosas que han acogido ni_os hu’rfanos del SIDA, les han dado techo, alimento, educaci¢n, etc. Se deber¡a considerar que han tenido que pedir dinero a diestra y siniestra, pues en la mayor¡a de los casos se han encontrado con muy poca ayuda poblica y un nivel de apoyo de las organizaciones internacionales m s bien bajo. Es preciso valorar tambi’n el trabajo de otras personas, laicos y laicas, que han venido de diversos continentes para dar esperanza y dignificar la vida de tantas mujeres contagiadas y rechazadas por todos como «inmundas». (…)
La Iglesia cat¢lica ha sido acusada de irresponsabilidad frente a la epidemia del SIDA en -frica por su posici¢n con respecto al profil ctico para prevenir la contaminaci¢n sexual. El Pontificio Consejo para la Familia no ha dejado de recordar el mensaje de la Iglesia cat¢lica con respecto a esta dif¡cil cuesti¢n de la prevenci¢n del SIDA, en los distintos encuentros con los voluntarios. Este mensaje pivota sobre el concepto de «valores familiares».
Prevenir o contener
En la prevenci¢n de cualquier epidemia se pueden distinguir medios propiamente preventivos y medios de «contenci¢n». Para la malaria, por ejemplo, que es una enfermedad parangonable al SIDA por su incidencia sobre la poblaci¢n africana y por el nomero de muertos que ocasiona, las medidas de prevenci¢n que se han desarrollado han sido medidas de «contenci¢n», es decir, que no atacan a la ra¡z de la enfermedad. Te¢ricamente eficaces, estas medidas se han demostrado en la pr ctica poco efectivas porque ha sido imposible destruir todas las larvas del mosquito an¢feles o impedir que la poblaci¢n se abastezca de reservas de agua al aire libre. Un ejemplo contrario son las fiebres tifoideas, pues se ha logrado que la poblaci¢n preste mayor atenci¢n a las fuentes de agua que utiliza. Este ha sido un caso de verdadera pol¡tica de «prevenci¢n», y se ha conseguido corrigiendo el comportamiento responsable de la infecci¢n.
En lo relativo al SIDA, si se desea una verdadera prevenci¢n, tambi’n ser¡a necesario hacer ver a las personas que deben modificar su comportamiento sexual, principal causante de la difusi¢n de la enfermedad. Mientras no se haga un esfuerzo en este sentido, no se estar realizando una verdadera campa_a de prevenci¢n. El profil ctico forma parte de los medios de «contenci¢n» en la transmisi¢n sexual de la infecci¢n, pero todo el mundo sabe que, si bien este medio sirve para «limitar» la transmisi¢n, introduce a la poblaci¢n en un terreno en el que es imposible alcanzar la «perfecci¢n».
Campa_as contraproducentes
La decisi¢n de promover el preservativo no se ha tomado por razones cient¡ficas, sino que es una decisi¢n de «principio». Desde hac¡a tiempo se sab¡a que el preservativo ten¡a una relativa eficacia como contraceptivo (1). Las estad¡sticas dec¡an que el preservativo fallaba como contraceptivo en el 15% de los casos. Se quiere, por tanto, hacer creer que el virus del VIH, 450 veces m s peque_o que los espermatozoides, puede ser frenado por la barrera de l tex como por arte de magia.
En fin, como han se_alado recientemente algunos investigadores del College Medical School de Londres (2), la publicidad del preservativo en la lucha contra el SIDA podr¡a tener un efecto contrario al buscado, en la medida en que conduce a actitudes sexuales de mayor riesgo a causa de la sensaci¢n de seguridad que induce en la poblaci¢n. No se puede esperar una detenci¢n de la epidemia del SIDA con el preservativo, del mismo modo que no se puede frenar un r¡o desbordado solo con sacos de arena, cuando se han roto los diques principales. A lo sumo, cabe esperar una contenci¢n.
Ir a la ra¡z del problema
La Iglesia no pretende ponerse a discutir en un nivel t’cnico sanitario, sino que quiere centrar la atenci¢n en la ra¡z humana del problema, es decir, en el respeto de la sexualidad humana y de los valores que definen el crecimiento integral de las personas. Si la epidemia ha adquirido grandes proporciones en el -frica subsahariana es porque ha encontrado condiciones favorables: desocupaci¢n, guerras civiles, desplazamientos de refugiados, concentraciones de pobreza urbana, desarrollo de la prostituci¢n, etc. Si adem s se quisiera explicar por qu’ las mujeres son las m s castigadas por la infecci¢n (13 mujeres por cada 10 hombres [3]), habr¡a que a_adir a todas estas causas de miseria el sometimiento de la mujer al marido bajo pena de repudio, y la gran extensi¢n de enfermedades de transmisi¢n sexual, que abren el camino al VIH en el organismo de la mujer (4). Los estudios realizados en Tanzania y Uganda han mostrado c¢mo la infecci¢n del VIH puede ser controlada y prevenida con el tratamiento exclusivo de las enfermedades de transmisi¢n sexual, sin medidas adicionales dirigidas contra el VIH (5). La prevenci¢n del SIDA se debe realizar a partir del nivel originario, social y de valores, si desea ser eficaz.
Acciones eficaces
El papel que la Iglesia cat¢lica ha desempe_ado en la prevenci¢n del SIDA en el -frica subsahariana es importante. En Uganda, Tanzania y Nigeria se han formado grupos de j¢venes, promovidos por religiosos, sacerdotes y laicos cat¢licos, que se dedican a la lucha contra el SIDA (6). Algunos de estos grupos llevan el significativo nombre de Youth Alive o Youth for Life, y en ellos, los j¢venes se comprometen a luchar contra el SIDA, comenzando por s¡ mismos y buscando la adhesi¢n de sus compa_eros de escuela, por medio de la continencia sexual hasta el matrimonio. (…)
Se puede comprender el motivo que impulsa a las autoridades sanitarias a difundir el profil ctico entre las prostitutas y sus clientes. Pero la prevenci¢n del SIDA debe ir a m s, debe situarse en otro nivel y atacar las verdaderas ra¡ces sociales, econ¢micas, pol¡ticas y morales de la epidemia. Esto no es imposible: se necesita tan solo elevar el punto de mira y buscar un mayor respeto de la persona humana.
Juan Manuel Molina Vald’s
Ja’n
1) W.R. Grady, M.D. Hayward, J. Yagi, «Contraceptive failure in the United States: estimates from 1982 National Survey of Family Growth», Family Planning Perspectives, 18 (5) 1986: 200-209.
(2) J. Richens, J. Inrie, A. Copas, «Condoms and seat belts: the parallels and the lessons», The Lancet 355 (9201) 2000: 400-403.
(3) UNAIDS, AIDS epidemic update: december 1999, p. 16.
(4) M.S. Cohen, «Sexually transmitted diseases enhance HIV transmission: no longer an hypothesis», The Lancet, 351 (suppl III) 1998: 5-7.
(5) H. Grosskurth, F. Mosha, J. Todd, «Impact of improved treatment of sexually transmitted diseases on HIV infection in rural Tanzania», The Lancet, 346, 1997: 530-536; 350, 1997: 1805-1809. M.J. Waver, N.K. Sewankambo, D. Serwada, et al., «Control of sexually transmitted diseases for AIDS prevention in Uganda: a randomized community trial», The Lancet 353 (9152) 1999: 515-535.
(6) L. McSweeny, AIDS, your Responsibility, The Ambassador Publications, 1991. L. McSweeny, Changing Behaviour. A Challenge to Love, The Ambassador Publications, 1995.
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