Tenía tres títulos universitarios y un puesto profesional altamente remunerado, pero Pamela no podia dejar a su violento compañero.
«Supongo que era en parte porque no había nadie que validara mi realidad, ya que no podia contarle a mis amistades lo que ocurria en nuestra casa», dijo. «Como consecuencia, siempre habia esta duda en mi; pensaba que quizas no era tan malo como parecía. Y habia períodos en que el era encantador y amoroso, lo que contribuia a ese tipo de negación».
«También había otra razón que es difícil de explicar, pero tiene que ver con necesitar quedarme para que el finalmente se diera cuenta que yo estaba bien, que era una buena persona. Durante anios el habia justificado su consumo de alcohol, su adulterio y su abuso, diciendo que yo lo habia provocado. Para mi se hizo increiblemente importante que su realidad no era correcta.
«Por fuera yo me veía bien. Nunca había dejado de funcionar, de modo que nadie se daba cuenta. Nadie tenía la menor idea. Pero por dentro, cada vez que no pod¡a llevar a cabo la amenaza de dejarlo, crec¡a el repudio que sent¡a por mi misma. Crec¡a adentro, como un c ncer, hasta que perd¡ totalmente la percepci¢n de mi misma».
‘?Por que no lo deja?’ es una pregunta que muchas personas hacen. Sin duda la estaban haciendo cuando Margaret Raby fue sometida a juicio en 1994 en Melbourne (Australia) por haber asesinado a su esposo. Los actos de violencia de el habian incluido vomitar y orinar sobre ella, escupirla, violarla constantemente y obligarla a caminar desnuda por la casa. La apunialo, la encerraba en un armario, le prendio fuego, quiso estrangularla, le metio latas de aerosol en la vagina… y la lista sigue.
De hecho, +por que no lo dejo? pudo haber sido la pregunta que el jurado ponderaba cuando la encontro culpable de homicidio. Aparentemente, tampoco ellos – al igual que tantas otras personas- podian comprender por que ella se habia quedado, o por que habia regresado.
Fue tambien la pregunta que la defensa planteo en el juicio de Michael Wither el pasado octubre en Perth. Se le acusaba de haber rociado a su compa_era, Stacey Larson, con gasolina y haberle prendido fuego, lo cual dejo quemado casi el 70 por ciento de su cuerpo. Los abogados de Wither argumentaron que, dado que ella continuo teniendo relaciones sexuales con Michael, probablemente estaba mintiendo acerca de la intenci¢n de asesinarla.
Parece ser que, mientras mas grave es la violencia perpetrada, mas dificil resulta comprender la inercia o el retorno de la mujer. Sin embargo, a mayor violencia, mas grande es la incapacidad de irse.
Probablemente podr¡amos comprender la paradojica correlaci¢n en el contexto de rehenes pol¡ticos. Mientras mas seria es la brutalidad psicol¢gica y fisica, podemos entender intuitivamente que el poder de los captores seria muchisimo mas grande y tener como resultado la incapacidad de los rehenes de liberarse de este casi magn’tico control.
Las acciones de los rehenes pol¡ticos son vistas como razonables. Muchas personas, sin embargo, no parecen ser capaces de equiparar la realidad de la violencia domestica con el terrorismo politico o la guerra y no pueden ver la situacion de la mujer como analoga — una rehen en su propio hogar. La conducta de la mujer maltratada es, por tanto, considerada irrazonable.
Las acciones de los rehenes pol¡ticos no son vistos como una significativa debilidad o como dependencia. Sin embargo, muchas personas se apresuran a calificar a la mujer maltratada como d’bil, pasiva y dependiente. Otras dicen que es porque las mujeres son as¡. Al rehen politico no se le describe como masoquista. No obstante, ?no es comun escuchar a la gente especular que si las mujeres permanecen en una relacion violenta es porque la disfrutan?
A fin de comprender por que las mujeres se quedan atrapadas en un hogar violento, necesitamos responder otras dos preguntas: ?cual es la realidad de ser una mujer maltratada? y ?cuales son las consecuencias para alguien que vive con violencia?
La violencia en el hogar se centra en el control — el deseo del hombre de dominar a su pareja. Comienza con incidentes peque_os, casi insignificantes, que a menudo tienen que ver con celos. El podria empezar a criticar la ropa de ella, su maquillaje, su cabello, la forma en que habla, o que no hable suficiente.
Safia, una mujer turca – australiana, describe como ocurrio en su matrimonio: «Empezo a socavarme. Poco a poco. No te golpea inmediatamente pues en ese punto no sabe cuanto vas a aceptar. Pero te observa durante meses y se da cuenta de cuanto puedes soportar. Mira que, indiferentemente de lo que te haga, tu lo toleras. El abuso f¡sico viene despu’s».
Este abuso emocional continua, generalmente se hace mas serio y con el tiempo se agrega una variedad de otras expresiones de poder. El maltrato f¡sico es una manifestaci¢n del ejercicio de control y a menudo involucra el deseo no solo de causar dolor, sino tambien de humillar.
Las palabras de Noraika, una mujer de Malasia, denotan dramaticamente esa combinaci¢n. Ella estaba aislada en el campo con su esposo australiano.
«Una vez estabamos en una propiedad y una mujer italiana me habia ense_ado a hacer espagueti a la bolognesa. Pense que esto era genial, asi que lo prepare una noche cuando hac¡a frio. El regreso de un bar y le serv¡ la cena caliente. Me miro con ojos perdidos y dijo, +que es esta porqueria? Se levanto, tomo el plato – nunca lo olvidare- y camino hacia mi. Pense que iria a tirar la comida. Me la echo toda en la cabeza. Mi cabello era muy largo y no teniamos agua caliente en la casa. Era necesario calentarla afuera, en un recipiente de cobre, y luego llevarla adentro. Estuve hasta media noche lavandome el cabello, luego secandomelo hasta la una de la ma_ana. Despu’s tuve que limpiar la cocina, mientras el se fue a dormir.
Los abusos pueden incluir violencia sexual, como lo describe Lynn: «No recibi golpes porque siempre hacia lo que el decia. Por lo general mi esposo me saltaba encima mientras dorm¡a, me sujetaba los brazos y me apretaba las piernas con las suyas, de modo que yo no podia moverme».
Amenazas de muerte, da_os a la propiedad, golpes a los animales y, a veces, da_os a los/as hijos/as son otras posibles expresiones de la necesidad de desempoderar a la otra persona. Es un proceso acentuado por periodos de remordimiento. Durante estos periodos de ‘luna de miel’, el jura que nunca volvera a hacerlo.
Desafortunadamente, encontramos que casi siempre lo hace. Y los episodios de violencia f¡sica son err ticos y, por tanto, impredecibles. Ella nunca sabe cuando ocurriran. Para algunas, el resultado final es la muerte. En Australia, una esposa o ex esposa muere, en promedio, cada semana; menos frecuentemente, los episodios terminan en que la mujer mata a su atacante.
¨Cuales son, entonces, las consecuencias de vivir en esta situaci¢n extraordinaria? Con el tiempo, tal como Pamela describia, la autoestima de la mujer se erosiona. Se aisla cada vez mas a traves de la secretividad y la verguenza que experimenta como una victima. El armamento verbal de su companiero frecuentemente incluye el decirle que es su culpa que el deba golpearla, que ella no vale nada como mujer, como esposa y como madre. Y no hay nadie que le contradiga. El maltrato f¡sico sigue siendo una acci¢n vergonzosa y privada en nuestra cultura, y la mujer mantiene el secreto.
«Y despu’s de un tiempo te ves al espejo y ya no te reconoces», dijo Safia. «La persona que ves reflejada ahi no eres tu, y ni siquiera sabes como ocurrio esto, porque es un proceso tan lento».
Existen tres reglas que imperan en ambientes de violencia que contribuyen a perpetuar estos efectos de verguenza y aislamiento.
o NO HABLES: A la mujer (y a la ni_a o ni_o) sujeta a violencia se le exige que no diga nada sobre lo que esta ocurriendo. No solamente no puede hablar con nadie fuera del hogar, sino que, dentro de la familia, no se discute la violencia. La regla del ‘No hables’ es obligatoria para que el perpetuador pueda continuar ejerciendo control y violencia. Y usualmente sera tanto explicita –‘No hablamos de esto con nadie’– o implicita mediante la negacion de la percepci¢n de la realidad en la v¡ctima. Ella no puede contarle a alguien sobre algo que se le ha dicho, en muchas formas, que no ocurre.
Adicionalmente, la regla del ‘No hables’ es un subproducto de dos factores: la propia sensacion de verguenza de la mujer, que asume la responsabilidad por el abuso; y la idea de que tal violencia es tan normal que ya no es excepcional, sino simplemente una parte de su realidad.
o NO CONFIES: A la mujer (y a la ni_a o ni_o) que vive en una familia donde hay violencia se le ense_a por experiencia que no se puede confiar en la gente — en sus promesas y su comportamiento. A menudo se le ha dicho que ‘Nunca volvera a ocurrir’. Aprendemos a confiar cuando recibimos sustento emocional, cuando se nos trata con amor, consistencia y cuidado. A ella no se le trata asi. Tampoco confia en si misma. La mujer sometida a violencia desarrolla un profundo vacio adentro, una falta de si misma, o de su propio valor. En su lugar hay un nucleo de verguenza que continuamente le dice, ‘Tu eres la responsable de esto. Eres mala.
o NO SIENTAS: Cuando el empieza a atacarla, es como si ella abandonara su cuerpo y observara la escena a distancia. No siente el dolor o la colera porque en realidad ella no esta ahi. Pero el dolor y la colera estan ahi, debajo de una capa tras otra de negaci¢n, autorrepudio y, quizas, alcohol y otras drogas.
El resultado de estas reglas -la naturaleza de la violencia, y el aislamiento, verguenza y negacion que provoca- es, sencillamente, que lo grotesco se convierte en normal. El elefante ha estado durante tanto tiempo en la sala familiar que la mujer aprende a caminar alrededor de el y ya ni siquiera lo ve.
Sin saber cuando o por que el hombre atacara de nuevo, la vida de la mujer se ve plagada de terror. Su vida se centra en la supervivencia, en ‘caminar de puntillas’, tratando de complacerlo para evadir el abuso f¡sico. Y a menudo el la amenaza: si ella llega a abandonarlo, la matara.
Estas no son siempre amenazas vacias en hombres que parecen ser incapaces o no estar dispuestos a renunciar a su control. Como consecuencia, casi la mitad de los homicidios perpetrados por esposos (en New South Wales y Victoria) tuvieron lugar despues de que la mujer se aparto de la relacion violenta.
«Fui v¡ctima de varios ataques y de sexo forzado durante a_os», dijo una sobreviviente. «Sin saber como salirme de la relacion -el amenaz¢ con dispararme a mi y a nuestros hijos, y estoy segura que lo habria hecho-, lo unico que podia hacer era proteger y amor a mis hijos».
La ‘prisi¢n’ de la mujer podr¡a ser herm’tica debido a la falta de apoyo y de habilidades para poder subsistir por su cuenta. Si es aborigen o migrante, podrian existir presiones culturales adicionales para que permanezca en la relacion y un acceso limitado a la informacion. Ademas, podria tener poca confianza en que el ‘sistema’ (la policia, por ejemplo) pueda ayudarla, ya sea por su experiencia previa con este o por las creencias generales.
Y aun cuando la mujer se va, como lo hizo Stacey Larson, el ‘im n’ que la atrae al perpetrador puede ser sumamente poderoso. El v¡nculo rehen-captor es complejo. Durante muchos anios, complacer al hombre para evitar su violencia puede haber sido el centro de la vida de la mujer. Su mente esta llena y preocupada con la supervivencia — su mente esta llena y preocupada por el.
La meta del captor es la supresi¢n y el control de su reh’n. El que una mujer lo deje no necesariamente pone fin a ese poder. Y, por cierto, tampoco acaba necesariamente con su expresi¢n, como han evidenciado las frecuentes brechas en las ordenes de restriccion en los casos de violencia domestica. Quizas ella regresa para recibir una disculpa, para un reconocimiento, de parte de el, de que lo que le hizo no fue correcto y de que ella, la victima, no causo de ninguna manera esa victimizaci¢n. Los mensajes grabados -de autoinculpaci¢n, de responsabilidad y de una autoimagen- han estado sonando tantas veces en su mente.
O quizas ella necesita una explicaci¢n. Necesita comprender por que, como nos ocurre al resto. Si ella pudiera ubicar alguna razon dentro de la experiencia surrealista, entonces quizas podria empezar a sentir algun control y recuperar el poder que se pierde en la violencia domestica.
Por Patricia Easteal* (Australia)
* La Dra. Patricia Easteal es una crimin¢loga de la Facultad de Leyes de la Universidad Nacional de Australia. Es autora de muchos art¡culos y libros sobre la violencia contra las mujeres, incluyendo: Killing the Beloved –Matar a un ser querido– (Australian Institute of Criminology, Canberra, 1993), Voices of the Survivors –Voces de las sobrevivientes– (Spinifex Press, Melbourne, 1994) y Shattered Dreams –Suenios truncados– (Bureau of Immigration and Multicultural Population Research, AGPS, 1996).
WIN (Women’s International Net) Magazine, Edicion No. 1-A http://www.geocities.com/Wellesley/3321/win1a.htm Traduccion:
Laura E. Asturias / Guatemala
