Tras agotadoras negociaciones, las delegaciones de los mayores partidos gubernamentales tutsis y de la oposición hutu de Burundi, además de uno de los tres grupos guerrilleros hutu, firmaron un acuerdo que compromete a las partes en el difícil camino de la paz. Un acuerdo que, sin embargo, ha sido calificado de ½frágil y tardío+ por el presidente de los obispos burundeses, pues ½esta guerra, que dura desde hace siete años, es una catástrofe, una miseria social, y podía haber sido evitada mucho, mucho antes. Pero que, si tiene éxito, abrirá para Burundi las puertas de la esperanza+. Para hacerse una idea de la magnitud de la tragedia hay que tener en cuenta que, según mons. Ntamuana, ½al menos 350 o 400 mil personas han muerto en estos siete años. ¿Cuántas son las fosas comunes escondidas en el país? Nadie lo sabe, incluso porque no se ha ofrecido la posibilidad de irlos a contar. Por otra parte, sobre una población total de seis millones de personas, hay un 1.200.000 refugiados y prófugos+. Con tal lastre de odios y resentimientos se entiende que el arzobispo sostenga que la v¡a para recomenzar y compartir el mismo pa¡s no puede ser otra que öhablar y saber escuchar, mirar al futuro y no remover el pasado. S¢lo de este modo volver la paz a Burundi+.
Juan Manuel Molina Vald’s
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