La verdad es que los del PSOE se lo están montando complicado de verdad. Parece como si quisieran darnos a entender que, como no hay nada que hacer, no tienen ninguna prisa, que no hace falta que se apresuren en modo alguno en poner orden en casa. La fórmula que se han sacado de la manga para resolver la historia de los candidatos que les salían por todas partes, como si fuesen setas en otoño, ha sido cualquier cosa menos imaginativa. De ninguna manera se trataba, me parece a mí, de dotar con cargo al partido de medios, de despachos y de secretariado a cualquier militante que, en uso de sus facultades estatutarias, quisiera postularse para la secretaría general del partido, si no por otra cosa, porque los gastos de todo ello û si para obtenerlo sólo hiciera falta manifestar esta voluntad û podrían llegar a ser tan gravosos como para que no se pudieran soportar en modo alguno, pero la fórmula magistral que ha arbitrado la dirección de que no puedan obtener, con cargo a los fondos de la organizaci¢n, los medios suficientes para hacer una campa_a en debida regla todos ellos, sino s¢lo aquellos que tienen el apoyo como m¡nimo de una parte del aparato – que todo el mundo sabe quienes son y como funciona el mecanismo para su elecci¢n -, a m¡ no me produce en absoluto un aire de renovaci¢n, sino m s bien un rancio pestazo a bonquer y a moho. Para eso el tema de las primarias o algo dentro de la misma l¡nea, como por ejemplo pedirles la firma de un determinado nomero de militantes de base present ndoles, me parece que hubiese estado m s en consonancia con el principio de renovaci¢n que se supon¡a que era el que ahora tocaba.
Da algo m s que una cierta pena que hayamos tenido que acabar dando la raz¢n al hombrecillo del bigote y la sonrisa tenebrosa, y a sus secuaces, cuando se hartaba de afirmar que en el PSOE ten¡an problemas muy graves, el menor de los cuales era que un lugar de un partido m s bien parec¡a una olla de grillos. Imagino que tiene algo que ver con la forma en que se mont¢ como partido grande en tiempos de la transici¢n, cuando nadie se esperaba que despu’s de las primeras elecciones ocuparan el lugar que ocuparon en la pol¡tica espa_ola – por lo menos nadie que yo conociera -, para sorpresa de los que hab¡an estado haciendo lo que buenamente pod¡an aquellos oltimos a_os para resquebrajar m¡nimamente al r’gimen. Seguramente tiene raz¢n Maragall cuando dice que es la misma f¢rmula de partido lo que est en quiebra, y que los partidos se tienen que parecer m s a lo que son las organizaciones pol¡ticas norteamericanas en lugar de a los partidos cl sicos de militantes que conoc¡amos, y que est n claramente en crisis. S¢lo hace falta observar lo que tradicionalmente eran las campa_as electorales, cuando aun se ve¡a a los militantes, entusiastas, haciendo el puerta a puerta, pegando carteles donde fuera que hubiera que ir a pegarlos, supliendo con esfuerzo personal la carencia real o relativa de medios, y lo que son ahora, que a la gente no la ves por la calle sean los comicios del tipo que sean, cumpliendo a m¡nimos y claramente desmovilizada. A ratos pienso que les saldr¡a m s a cuenta cerrar la barraca, jubilar a los que con el tiempo se han ido convirtiendo en aut’nticos profesionales de representarse a si mismos – lo mismo da en el gobierno que en la oposici¢n, mientras caiga cada fin de mes lo que tiene que caer -, y volverla a organizar desde bases nuevas, m s adaptadas a la realidad de hoy d¡a, bien alejada de estos penosos espect culos.
+Record is lo que le pas¢ a la UCD? Pues me parece que ahora le toca al PSOE. Tanto un partido como el otro salieron de la nada – por mucho que los socialistas hubiesen desempolvado las siglas de un partido centenario, pr cticamente inoperante durante toda la dictadura, excepto para pelearse entre los cuatro de dentro y los cinco de fuera -, mientras los nost lgicos, aquellos dinosaurios de los tiempos de la dictadura, iniciaban la larga traves¡a del desierto, refund ndose no s’ cuantas veces, cambiando de nombre y de l¡der hasta conseguir su objetivo de situarse en una posici¢n m s adecuada para obtener el gobierno, que mientras tanto ejerc¡a el otro partido de aluvi¢n, que hab¡a desplazado del poder a los reformistas del r’gimen anterior y a los que se les hab¡an unido sabiendo que habr¡a ocasiones para trepar y situarse y tambi’n, claro est , los que desde una neta posici¢n de centro no pod¡an sentirse c¢modos en aquellas organizaciones ultraizquierdistas como el PSOE y el PCE. A quien no se crea eso que he escrito del PSOE le invito a tirar de hemeroteca y de textos de la ‘poca. No hace falta que nadie haga demasiados aspavientos de eso, en definitiva en aquellos tiempos incluso UDC (Uni¢ Democr.tica de Catalunya) preconizaba el socialismo autogestionario.
Jordi Portell
