Mis amigos suizos están aterrorizados acerca del destino que les espera en sus Suiza pacífica, y ya hacen los que pueden planes para pasar su vejez en España o Marruecos, donde no suceda el horror que comento. La decisión de conceder el ½derecho+ al ½suicidio asistido+ para los ancianos ingresados en residencias ha causado sobresalto en Suiza porque no ha sido tomada, como sería usual en ese país, tras el debate de una ley federal, sino que se ha debido a una iniciativa del jefe del departamento sanitario del Ayuntamiento de Zurich, Robert Neukomm. La ley suiza prohíbe la eutanasia activa (la muerte del paciente a petición suya), pero deja abiertas algunas rendijas, pues no regula la ½eutanasia pasiva+ (es decir la interrupción de cuidados necesarios para permanecer con vida: transfusión, aparato respiratorio, etc.) y sobre todo consiente la ½ayuda al suicidio+, que sólo está penalizado si se demuestran intereses de terceros interesados. La noticia ha causado más inquietud aún porque la ley prev’ que quien pide el suicidio asistido est’ en total posesi¢n de sus facultades mentales y el mismo Neukomm ha reconocido que a menudo esta decisi¢n se toma en un momento pasajero de depresi¢n aguda. El Departamento sanitario ha presentado estudios segon los cuales entre el 85 y el 95% de los suicidas frustrados (de todas las edades) salvados en el oltimo momento, se sintieron muy contentos por haber permanecido con vida. Por su parte, Albert Wettstein, jefe de los m’dicos municipales, ha manifestado su fundado temor a que la normativa se convierta en un peligroso öaliciente+ y adem s en un öprimer paso+ hacia la eutanasia activa.
Juan Manuel Molina Vald’s
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