Cada vez hay más gente que coincide en que, después del terrorismo, nuestro principal problema es la situación de nuestra juventud. De entrada hay poca, con lo que se crían en un clima de egocentrismo. Y eso, sumado al desastre de nuestro sistema escolar y al permisivismo policial con el botellón, ha generado un colectivo juvenil que en su mayoría está sin desbravar. Sus profesores, con las manos atadas, teniendo que aguantarlos sin poder hacer nada, se han convertido en el colectivo profesional con mayor índice de bajas por depresión. Y todos los ciudadanos estamos teniendo que aguantar su salvaje sistema de diversión, la movida, que destroza el mobiliario urbano, ensucia todo y nos impide dormir. Y, por si fuera poco, cada vez se producen más episodios de violencia juvenil, escolar y extraescolar, que unas veces acaban en el cementerio y otras, en una mera estancia en el hospital: como le ha pasado a una chica de primero de Bachiller, buena estudiante, que ha sido agredida por un grupo de alumnas m s j¢venes del Instituto Jos’ Caballero de Huelva, ya conocidas por su condici¢n violenta. Esto no puede seguir as¡. No puede ser que la sociedad no se atreva a exigir a los j¢venes en su trabajo -el estudio- y en su descanso. Primero porque es un fraude, pues no se les prepara para la dureza de la vida. Y despu’s porque esa negligencia perjudica tambi’n a los dem s.
Francisco L¢pez Mendieta
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