Un médico con mirada de artista El buen médico es aquel que al ver al paciente intuye la posible enfermedad que le aqueja. En noticia de la agencia AFP, de Guy Clavel, se recoge la utilidad del arte para el médico. Los grandes maestros de la pintura, desde Rafael a Rembrandt, están desde ahora al servicio de la medicina, para enseñar a los estudiantes a tener una segunda mirada sobre sus pacientes y ejercer su arte con el ojo penetrante de un pintor.
«Pensé que la mejor manera de ejercer la medicina era observar a los seres humanos como lo vienen haciendo los artistas desde hace miles de años, y ver lo que podíamos aprender», explicó el médico colombiano Carlos Espinel, especializado en medicina general y además profundo amante de la pintura, lo que lo llevó a concebir una nueva diciplina universitaria, la «Artemedicina».
«Me fascinó el tomar conciencia de la increíble cantidad de información que podemos encontrar en las obras de arte, y que puede sernos útiles», afirmó frente a las reproducciones de obras que se encuentran en su oficina de las afueras de Washington. Para Espinel, cuyos estudios son publicados en revistas m’dicas de renombre como The Lancet, toda pintura es objeto de diagn¢stico: en una pintura de Masaccio del siglo XV diagnostic¢ un caso de poliomelitis, mientras que en otra de la misma ‘poca, del chino Chou Chen, encontr¢ un labio leporino.
En el cuadro «Il amore dormiente» pintado por Caravaggio en el siglo XVII, uno de los retratados est enfermo. Su pasi¢n lleg¢ incluso a permitirle identificar exactamente uno de los personajes del fresco de Rafael en el Vaticano, «La escuela de Atenas» (siglo XVI).
Los especialistas consideraban que el retratado era el fil¢sofo griego Her clito. Pero examinando su pierna, Espinel cree apreciar «los primeros s¡ntomas de gota» en una rodilla hinchada. El m’dico considera que el personaje es Miguel Angel, ya que la enfermedad es acorde al estado de salud que el propio artista relata en sus poemas, y sus rasgos coinciden con la descripci¢n de ‘l realizada por su amigo Vasari.
Llegado a Estados Unidos en 1964, Espinel funda en ese entonces la «Artemedicina», una disciplina que combina arte, medicina, historia, filosof¡a y poes¡a. «Mi objetivo es utilizar el estudio cient¡fico del arte para ayudarnos a ser m s exactos en el diagn¢stico y curaci¢n de los pacientes», dijo Espinel, que ense_a su especialidad en universidades como la Johns Hopkins de Baltimore (Maryland) o la de Georgetown (Washington). Para los estudiantes de medicina «ninguna foto de patolog¡a m’dica, ninguna descripci¢n, ninguna radiograf¡a ni an lisis de laboratorio tiene tanto impacto» como la representaci¢n de una enfermedad por parte de un artista, explic¢.
Para Espinel «cada cuadro es un viaje fascinante», y concurre a los museos a buscar lo que «el artista quiso comunicar». Uno de sus diagn¢sticos preferidos se lo debe a Rembrandt. «No existe otra historia cl¡nica del pintor que no sean sus autorretratos», indic¢.
En las sucesivas autorrepresentaciones, el artista ilustr¢ la evoluci¢n de su estado de salud: un p rpado ca¡do, la tez que cambia de color, una arteria temporal que resalta, la mirada apagada, signos asociados a distintas dolencias como depresi¢n o Enfermedad de Horton. El proceso del maestro holand’s, captando los rasgos de su cara, le resulta extraordinariamente familiar a Espinel: «Todos nos miramos as¡ en un espejo. Existe un Rembrandt en cada uno de nosotros».
Marcos Guti’rrez Sanju n
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