La lucha interminable de la humanidad por dominar la Tierra, siempre vuelta a empezar, estropeados sus éxitos por nuestras continuas peleas, instadas qué duda cabe por el padre de la mentira que abusa de nuestra congénita debilidad racional (también la de los vascos), desde Caín hasta el último palestino muerto hoy, tiene un contenido positivo de avance continuo y otro negativo, de carácter explosivo, que rompe todo y tira abajo la esperanza. Me parece que todos estarán de acuerdo -si es que estamos cuerdos para estar de acuerdo-, dentro de sus creencias, culturas, conocimientos, ideas sociales-políticas-afectivas (íah, el terruño!, que bueno y malo a la vez es el terruño, vamos el Rh, que por cierto yo también lo tengo aunque mi sangre es árabe), todos estaremos de acuerdo, decía, en que hace falta una Tierra Nueva: donde no haya amenazas, divorcios, abortos, separaciones, malos tratos, muertes inesperadas -siempre es inesperada la muerte- por coche bomba, por bomba lapa, por bomba mental que quiere cosas que de por s¡ matan: soberan¡a, independencia, dominio, avaricia, lujuria, soberbia…; una tierra nueva donde no haya pistolas, ni tanques, ni submarinos, ni tirachinas, hondas o c¢cteles de gasolina. Hace falta esa tierra nueva, porque en realidad todos tenemos miedo: en este pa¡s, en Palestina, en Rusia, en EE UU, en Catalu_a, en Andaluc¡a… +Y en Vasconia? No s’, no s’. Quiz s all¡ no tienen miedo. ¥Una Tierra Nueva, una Tierra Nueva!, +qui’n es capaz de hacer una Tierra Nueva? Est claro que nosotros somos unos inotiles para eso.
Enrique Palacios Entrena
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