Me encantan las personas que miran al futuro, que proyectan sobre bases sólidas. No digo yo que la memoria no sea importante para las personas y las sociedades. Aporta esa experiencia que previene de futuros errores y capacita para afrontar maduramente el presente y el porvenir. Pero cuando una persona empieza a vivir de recuerdos, manifiesta que ha iniciado su decadencia, que ya no tiene futuro. Me hacía esta reflexión al observar la actitud que últimamente viene adoptando en sus declaraciones el ex presidente González. Cuando, hace unos meses, preguntaron al portavoz del Vaticano si pensaba que el Papa estaba viejo, Navarro-Vals, psiquiatra además de periodista, respondió que, psicológicamente, era todo lo contrario de un anciano porque, lejos de mirar al pasado, Juan Pablo II no cesaba de plantear proyectos para la Iglesia. Por lo que parece, no se puede decir lo mismo del ex presidente. Está en su derecho que viva mirando atrás. Pero que deje también a los demás, sobre todo a los socialistas, mirar hacia el futuro.
Jos’ G. Gonz lez S nchez
