Cada día que pasa se hace más y más evidente que España ôno va bienö, nada ôbienö va, o, mejor dicho, va bastante mal. No creo que a estas alturas, con lo que está cayendo, valga la pena que gaste ni papel, ni tinta, ni tampoco cyberespacio para enumerar todos y cada uno de los entuertos en que este gobierno de pacotilla se ha metido por su mala cabeza, pero está a la vista de cualquiera que se fije un poco y lo quiera ver. Dado que soy claramente adversario de ellos y su política û eso es algo que creo que resulta evidente a quien me haga el favor de leerme û cualquiera pensaría que estoy la mar de contento que las cosas vayan así de mal, porque quizás sea la manera de que regresen a rumiar sus rencores desde la oposición, pero quien pensara eso se equivocaría de parte a parte.
Hace ya unos cuantos años, más o menos cuando los socialistas iban por su segundo período, estaba almorzando un domingo en casa de mi padre, cuando éste me sorprendió con sus quejas û amargas quejas realmente û acerca del bajo contenido izquierdista de la acci¢n de gobierno del PSOE, lament ndose acerca de que, segon parec¡a, se limitaban a consolidar m s o menos el estado constitucional y poca cosa m s. Me sorprendi¢ porque desde el mismo inicio de las elecciones democr ticas es votante de la coalici¢n de centro derecha que gobierna en Catalunya desde hace m s de veinte a_os – incluso ha sido interventor electoral de la misma en m s de una ocasi¢n, quiero decir que no se limita a votarles – y sab¡a que no hab¡a quebrantado su costumbre, votando socialista en las generales. Como le plante’ con claridad que su comentario me parec¡a una contradicci¢n, me lo explic¢. +l hab¡a votado como siempre, no faltar¡a m s, pero hab¡a celebrado ilusionado que hubiesen ganado los del pu_o y la rosa, pensando que era bueno por un lado que ahora gobernara la izquierda – haci’ndolo, claro est , con arreglo a sus ideas en aquellas parcelas de este cariz que eran buenas con car cter general -, y, por otra, que se hubiera hecho en la pr ctica la alternancia democr tica en el poder. Ahora le decepcionaban porque, segon ‘l, no gobernaban suficientemente a la izquierda. Tom’ nota de su punto de vista, no de la opini¢n que manifestaba sobre los modos y formas del gobierno socialista, sino de esta manera de mirarse las cosas de la pol¡tica un poco «au dessus de la mel’e». Es a este tipo de punto de vista que me refer¡a algunas l¡neas m s arriba, aludiendo en mi caso a los del PP.
Como cualquiera que sepa lo que es un presupuesto, nunca he acabado de creer que el bienestar general sea una cuesti¢n de voluntad pol¡tica, sino de presupuestos, y ‘stos, cuando se trata del estado, de los impuestos que pagamos todos los ciudadanos por uno u otro concepto. Supongo que por deformaci¢n profesional, no creo tampoco en la buena fe de segon que pol¡ticos que predican el reparto general como f¢rmula m s adecuada para conseguir que todos juntos «atemos los perros con longanizas» – como dicen en mi pueblo – sabiendo que tambi’n son perfectos conocedores de lo que pueden hacer y lo que no en su casa con su presupuesto particular, sea el que sea – es decir que con equis pesetas s¢lo se pueden hacer equis cosas, y que, acaso, la onica decisi¢n que le queda es la de gastar en una cosa en lugar de en otra – y que, por voluntad pol¡tica que le ponga, de donde no hay no se puede sacar, ni repartir. El resto s¢lo es cuesti¢n de dimensi¢n. El presupuesto estatal es equis veces m s grande que el de una familia, pero ‘sta es toda la diferencia, el resto del tratamiento es el mismo. Yo, a pesar que nunca les he votado, hab¡a cre¡do que si nos gobernaba una temporada la derecha del dinero pondr¡a un poco de orden en todo esto de la econom¡a, sabiendo que, en cualquier caso, para poder repartir primero hay que tener. No tienen ni la m s pajolera idea. Se han limitado a navegar por las aguas tranquilas de la bonanza mundial y, a la que se les han encrespado un poco, no saben que hacer. Se les ve totalmente perdidos, errantes, i s¢lo saben bramar por la «Espa_a Una» por un lado y repetir por otro aquello tan sobado del «va bien». A algunos nos hubiese gustado que finalmente, como en un pa¡s de verdad, tuvi’ramos una derecha democr tica, eficiente a su peculiar manera de serlo, y ahora resulta que los del PP s¢lo son la misma derechona fascista o fascistoide de siempre. ¨Qu’ l stima, no?
Jordi Portell
