«Un científico tiene la libertad, y debe tomársela, de plantear cualquier cuestión, de dudar de cualquier afirmación, de buscar cualquier evidencia, de corregir errores», J Robert Openheimer. Pues vaya este órdago contra el dormatismo fundamentalista de la coeducación que nos invade, y de la que solo se pueden librar los ricos, que pueden pagar un colegio solo de chicos o de chicas, y a los que les tengo una envidia sana.
Andrew Halls, director del Magdalen College School (Oxford), mantiene en un artículo publicado en The Independent (2 noviembre 2000) que para muchos chicos es beneficioso ser educados en colegios para ellos solos. Con Andrew Halls yo estoy de acuerdo en muchos puntos.
Casi todos los padres saben que las necesidades de los chicos y las chicas son diferentes. Por eso es importante que al menos algunas escuelas continúen siendo «especialistas» en educación de chicos.
El comportamiento de los chicos en un colegio mixto y en uno de chicos es muy diferente, especialmente entre los 11 y los 16 a_os. A esa edad es cuando los chicos entienden menos a las chicas y piensan que deben comportarse de manera brusca. A menudo, cuanto m s inc¢modos est’n en
compa_¡a de ni_as, m s tratar n de expresar su masculinidad de forma innecesaria. Pero sin ese temor inmediato a ser medidos en la balanza sexual, en colegios de chicos es donde mejor disfrutan de las actividades diarias.
Los colegios para chicos procuran contratar profesores con aptitudes naturales para ense_arles (disfrutan con su vitalidad y entusiasmo; tienen paciencia frente a su capacidad inagotable de olvidarse de las instrucciones
simples; y comprenden la manera de pensar de los chicos). Los chicos necesitan objetivos claros y su competitividad natural precisa una gu¡a para que consigan ‘xitos reales.
Adem s, responden mejor que las chicas en las lecciones en las que el profesor consigue involucrarlos y donde sus aportaciones sirven para formar el resultado de la lecci¢n. Puede parecer que lo onico que quieren hacer es gritar, pelearse o empujarse unos a otros, pero precisamente por eso una escuela de chicos es el lugar donde aprenden que el l¡mite empieza justo a su lado.
Las escuelas de chicos han desempe_ado un papel estupendo durante mucho tiempo para encauzar la energ¡a, intrepidez y ambici¢n de los hombres j¢venes. Y parece que impartir ahora estas lecciones es m s importante que nunca.
Mar¡a A. Molina Quesada
