El deseo de aclaraciones es legítimo, pues el asunto se presta a confusión cuando hemos sido testigos de
varios voceros del sector oficialista llenándose la boca sobre lo maravilloso de las coincidencias, y tratando así de restarle importancia a las diferencias conceptuales que existen entre una y otra propuesta. Si bien sobre esas diferencias podría escribirse un tratado, voy a concentrarme en apenas tres «detallitos».
El gobierno centra su propuesta en un la preponderancia del Nuevo Estado Docente, que no es otra cosa que la tutela del señor Estado en el proceso educativo. A este Nuevo Estado Docente se le presenta como una suerte de buen patriarca, de gran protector, que vela por el futuro de unos seres a
quienes presume y siente débiles. Lo que esconde tan anacrónico concepto al cual se pretende vender como una teoría novedosa (vieja treta ésa la de utilizar la palabra «nueva» para relanzar al mercado productos que sufren de chochera), es más de lo mismo. Más paternalismo, más estatismo, más voces que dictan normas y procedimientos castrantes, que del¡nean programas que constri_en mentes para as¡ garantizar que siempre puedan ser sojuzgadas. El
Nuevo Estado Docente se traduce a la postre en m s control estatal y menos poder ciudadano. Un perfecto ejemplo de m s mando y menos gobierno. Y la democracia participativa, v lida aspiraci¢n, termina siendo en el rea educativa como en tantas otras, un «yo te participo que…». La sociedad
civil, por el contrario presenta en su propuesta el concepto de la «Sociedad Educadora», planteamiento segon el cual los verdaderos protagonistas son los actores del proceso: educadores y educandos entregados cada jornada a la
incomparable aventura de aprender; padres y representantes involucrados de manera cotidiana en el diario acontecer de ese lugar m gico que es la escuela; patronato de las instituciones de investigaci¢n y desarrollo del pensamiento y la pedagog¡a; con las organizaciones de la sociedad civil
convertidas en pulidos espejos que permitan reflejar la realidad, y siendo apuntadores de los ‘xitos y falencias; y un Estado procurando todos los recursos necesarios (Ministerios), asegurando que la Constituci¢n y las leyes sean cumplidas (Fiscal¡a), garantizando que los derechos de los ciudadanos sean respetados (Defensor¡a del Pueblo) y vigilando que no haya ese traj¡n que tanto nos disgusta y averg_enza (Contralor¡a). En s¡ntesis, el Nuevo Estado Docente, es, por decir lo menos, un asunto totalmente demod’, anacr¢nico y que no han hecho sino dar muestras de cansancio estructural. La Sociedad Educadora es, por el contrario, el concepto m s moderno que existe en la actualidad.
En una tertulia radiof¢nica con el Prof. Carlos Lanz – padre del PEN – tuve la oportunidad de comentarle que luego de haber revisado en detalle su proyecto, me asombraba no encontrar menci¢n al desarrollo de habilidades competitivas en los educandos. «Nosotros no creemos en la competitividad;
nosotros s¢lo creemos en la solidaridad», fue su respuesta. «+Y la globalizaci¢n?», le pregunt¢ la periodista que nos entrevistaba. «A la globalizaci¢n hay que enfrentarla de otro modo», dictamin¢. «Y en esos puntos no estamos dispuestos a ceder», agreg¢ contundentemente. Ante semejantes aseveraciones, y sintiendo que el olor de la nafatalina inundaba el ambiente, no me qued¢ de otra que intentar explicarle a este fil¢sofo de la pedagog¡a cu l hab¡a sido la experiencia de algunos pa¡ses que hab¡an
pasado, y se encontraban deslastr ndose aon, de modelos educativos que le sacan el cuerpo a la realidad del mundo moderno. A ra¡z de la ca¡da del Muro de Berl¡n, miles de profesionales de las gloriosas repoblicas de la Europa
Oriental, una gente con una tradici¢n cultural maravillosa, se encontraron como conejitos alumbrados a los ojos en medio de un descampado. Ten¡an conocimientos, hab¡an pasado muchos a_os estudiando, al proceso educativo se le hab¡a invertido portentosos recursos materiales y humanos, pero su
sapiencia estaba condicionada idel¢gicamente y, peor aon, carec¡an de las habilidades y destrezas necesarias para competir. Eran ciudadanos valiosos, pero minusv lidos intelectuales, y el aberrante sistema que tanto hab¡a querido protegerlos, que tanto los hab¡a cobijado bajo su sombra, no los hab¡a preparado para formar parte del primer mundo. Los checos lideran el proceso de actualizaci¢n y cambio. La consigna es «educar para ser los mejores». Esos muchachos que est n hoy en las escuelas y universidades ven
el futuro sin miedo y sin angustia. Saben que podr n hablar de to a to con cualquiera, saben que podr n mirarse a los ojos y no sentirse en desventaja. El Estado Docente, inspirado en una muy mal entendida solidaridad, termina
produciendo tremebunda injusticia social, es el germen de ciudadanos que en el concierto de las naciones est n condenados a ocupar posiciones de tercer orden. Produce tercermundismo. Niega a los muchachos el sue_os de ciudadanos aspirar a ser parte del primer mundo, niega la posibilidad real de un futuro de progreso y desarrollo. Le guste o no al Prof. Lanz, la globalizaci¢n es una realidad, que puede enfrentarse con mente abierta y anhelos de superaci¢n, o puede pretender evit rsele pagando el precio de garantizar que por siempre seamos un pa¡s a cuyos ciudadanos se le condene al tercermundismo.
¨Quieren los revolucionarios producir un sistema educativo democr tico, protag¢nico y participativo, que garantice justicia e igualdad social, y que produzca la mayor cantidad de progreso y desarrollo posible? Yo los invito a
pasearse por tres pa¡ses. No, no se angustien, que no voy a mencionarles Estados Unidos, pa¡s que a ustedes les produce urticaria. V yanse a hacer turismo educacional por la Repoblica Checa, por Costa Rica y por el Estado de Israel. Y luego hablamos.
Ah, y tengan muy presente que el Estado tiene que trabajar para la Sociedad, y no al rev’s La Sociedad no necesita una Estado Docente. Est s¡ imperiosamente urgido de un Estado Decente.
Soledad Morillo Belloso
