Baste recordar como se barajaba antes de las últimas elecciones autonómicas la posibilidad, en caso de una victoria socialista, Maragall Presidente, Nadal, Conseller en Cap û, realizado por quien tiene la facultad de hacerlo en la persona de quien es, al tiempo que Conseller de su gobierno, Secretario General del mayor de los dos partidos coligados. No me acabo de hacer del todo a la idea de cuales son los verdaderos motivos para el rasgado de vestiduras y el evidente ataque de cuernos del líder de Unió, Durán Lleida, haciéndose el ofendido, el menospreciado, o lo que sea que ahora quiere figurar que siente y acusa. De hecho más de uno y de dos no acabábamos de entender como podía este señor, líder del pequeño de los dos partidos û a mucha distancia del grande, por cierto û que componen la coalición que nos gobierna desde hace ya más de veinte años, aspirar al liderazgo de la misma, porque en política las cosas nunca han funcionado así. Es cierto que los partidos pequeños que van a las elecciones junto con uno mayor que ellos suelen sacar tajada bastante por encima de lo que ser¡an sus posibilidades caso de acudir solos a las mismas. Todos aquellos quienes en una u otra ocasi¢n nos hemos visto negociando desde una organizaci¢n de una cierta entidad con un grupo m s peque_o algon tipo de alianza electoral, sabemos de qu’ va, como sabemos que la mayor¡a de las veces estos intentos se van al traste ni m s ni menos que por las pretensiones excesivas de los peque_os. Es muy corriente que – por poner un ejemplo de lo que quiero decir – dos grupos que tienen el uno cuatro concejales y el otro uno, en un ayuntamiento compuesto por once ediles, piensen que yendo juntos podr¡an conseguir seis en lugar de los cinco que suman ahora entre los dos, hecho que dar¡a la mayor¡a a la coalici¢n. Pero quien ten¡a uno no se conforma con tener ahora, en la nueva lista, dos en lugares seguros de salir – l¢gicamente dentro de la experiencia electoral que se tiene -, cosa que los grandes ya aceptar¡an, sino que quieren tres o m s, incluso muchas veces la cabecera de la lista, y eso acostumbra a arruinar el proyecto en comon.
Tener un papel eternamente secundario en la vida pol¡tica ya se comprende que resulte frustrante, pero las coaliciones se realizan para obtener el r’dito suplementario de la suma de votantes, m s provechoso que acudir solos a los comicios. Entonces, dentro de este clima, uno puede entender que haya quien prefiera ir por el mundo de la pol¡tica de cabeza de sardina en lugar de cola de aton, pero lo que se hace dif¡cil de comprender es que despu’s de haber aceptado este oltimo papel a lo largo de los oltimos veinte a_os, y disfrutar todo este largo per¡odo de las evidentes ventajas de haberlo asumido – s¢lo hace falta tirar de hemeroteca para recordar los resultados de las primeras elecciones, en las que Uni¢ consigui¢ una sola acta de diputado, mientras sus socios de ahora, ni que fuera en coalici¢n con otros grupos menores, hicieron un papel mucho m s lucido -, y aun m s si quien tiene esta neura pol¡tica no forma parte de uno de aquellos grupos radicalizados, bordeando muchas veces el fanatismo por el lado de dentro, henchidos de formulaciones ideol¢gicas llam’moslas estridentes, aquello que quien esto escribe tiene el vicio, la man¡a – o como lo quer is llamar – de motejarlas «las grandes causas», sino que se trata de gente de un partido «de orden» de toda la vida, para entendernos. Aclarar’ que por el momento soy pol¡ticamente independiente, y que va a ser dif¡cil que cambie este «status» despu’s de haber catado hasta el hartazgo las delicias de la militancia; no se trata pues de que me parezca bien lo que hace uno de los partidos y mal lo que hace el otro por algon tipo de afinidad, ni Mas, el nombrado Conseller en Cap, me cae mejor que Dur n Lleida. De hecho, si tuviera que hilar muy fino el concepto, m s bien ser¡a todo lo contrario.
Pero ocurre que este comportamiento tan extempor neo constituye uno de aquellos elementos que al poblico en general le hacen dudar del buen sentido y la sensatez de los pol¡ticos, con harta frecuencia – y este caso ser¡a seguramente paradigm tico de ello – alejados de la realidad tras sus ambiciones personales, y como consecuencia le hace detestar la pol¡tica y tambi’n perder el respeto por los que a ella se dedican.
Y si se trata de una comedia de cara a la galer¡a estricta de sus seguidores, para mantenerles vivo el espejismo de que su papel pol¡tico no es secundario, aun peor, +verdad?
Jordi Portell
*Equivale a Primer Ministro del gobierno aut¢nomo de Catalunya, cargo que hasta ahora simultaneaba con la Presidencia de la Generalitat de Catalunya el mismo Presidente Pujol
