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Federico Trillo y Celia Villalobos participan de albur, las palabras les salen mal. Celia con los cocidos empobrecidos, y Trillo con el uranio enloquecido. Celia no ha contado con ningún chef titulado para pontificar sobre el recurrente hueso de vaca; Trillo, ha ordenado a un médico subordinado para que disipe dudas sobre la enfermedad que aflige a un número de soldados.
Los hombres del Derecho, Federico Trillo lo es, deben rechazar esa tentación: la certeza absoluta. Con humildad debe dar lugar a la tolerancia expositiva, es decir reconocer la posibilidad de un grado de error en sus
afirmaciones.
Celia parece atacada por el síndrome de locuacidad empobrecida, y Trillo por el uranio enloquecido .
Marcos Gutiérrez Sanjuán
