Los incendios forestales afectan con más gravedad a los eucaliptos y pinos,
especies utilizadas exclusiva y desgraciadamente en las repoblaciones
realizadas desde 1940 hasta el día de hoy.
Las especies mediterráneas, como la encina, el quejigo, el rebollo y el
roble, todas del género Quercus, o las sabinas y enebros, están más
adaptadas al fuego, lo resisten mejor, arden peor y se regeneran con más
facilidad.
Lo que tiene que cambiar es la política forestal, dando prioridad a las
frondosas autóctonas, y dejar de repoblar con pinos y eucaliptos. El
Ministerio de Medio Ambiente debe reformar el Plan Forestal elaborado por el
PP, y consensuar con las Comunidades Autónomas una nueva política, que
suponga una ruptura real con la herencia del franquismo forestal.
Las estadísticas oficiales sobre incendios forestales ya no recogen ni
siquiera la información sobre las especies afectadas, a diferencia de lo que
hacía el antiguo ICONA.
Las medidas preventivas a veces tienen un gran impacto ecológico y son
inútiles (como la mayoría de los cortafuegos), y todas las inversiones van
destinadas a la compra de aviones y helicópteros, y otros medios de
extinción.
Hay, digan lo que se digan los ingenieros forestales y las empresas que
viven de los monocultivos de pinos y eucaliptos, especies pirofíticas (y
sino basta con recorrer los incendios y analizar las estadísticas
existentes), y eso es un tema que apenas se discute. Se debe introducir el
debate, y reclamar una nueva política forestal, que dé prioridad absoluta a
la recuperación de la cobertura forestal con las especies autóctonas más
adecuadas a cada nicho ecológico.
Justificación: los servicios ambientales y paisajísticos de las especies
autóctonas, en un país donde la producción forestal representa menos del
0,1% del PIB, y el turismo 100 veces más (el paisaje crea más renta y empleo
en forma de turismo rural que el valor de la celulosa o la madera de los
eucaliptos y pinos). Ahí está el desastre de Galicia y toda la costa
cantábrica, desde el Miño al Bidasoa, donde los eucaliptos han sustituido
totalmente a los «carballos», y si el destrozo no es mayor es porque el
eucalipto no resiste las heladas, lo que ha salvado a los Picos de Europa.
Ceballos, nuestro gran botónico, decía que el eucalipto es un insulto a la
vista, un insulto que perjudica al turismo rural y a los servicios
ambientales del bosque (propensión y resistencia a los incendios forestales,
ciclo hidrológico, retención de carbono, biodiversidad, erosión).
José Santamarta
(director de World Watch)
worldwatch@nodo50.org
www.nodo50.org/worldwatch
