¿Vió lo que pasa cuando espera el colectivo o el tren? es normal y natural que la gente se embista, use los brazos como palancas, las bolsas para impedir que otro se adelante, sin importar el orden de llegada; en estas pequeñas cosas también se ve la falta de respeto por el prójimo, un «sálvese quién pueda» a pequeña escala, una pequeña muestra de nuestra sociedad: «Tomar distancia» de las necesidades del otro. Primero yo, primero justicia para mí, trabajo para mí, asiento para mí, consuelo para mí, subsidio para mí, después, si queda, para el que sigue. No importa quién lo necesita más, o sí, siempre y cuando sea Yo.
¡Cómo cambìó todo! Antes los domingos había que hacer cola de una hora en la fideería, cola para sacar entradas para el cine, cola para el restaurante, cola para pagar los impuestos ¿Se acuerda las monumentales colas frente a Rentas para pagar la patente? Colas y más colas.
Menos mal que algunos pensaron que era un atropello a nuestra dignidad el tener que estar parados al rayo del sol o al frío o con lluvia, además de la cantidad de horas de trabajo perdidas, en definitiva, de la pérdida de nuestro tiempo. Y poco a poco fueron desapareciendo. Se fueron despoblando los bancos, los supermercados, los almacenes, las carnicerías, las oficinas de cobro de cualquier tipo, de los cines, de los teatros, los restaurantes. Hicieron bien su trabajo… o casi.
Pero la gente no aprende y sigue haciendo cola, solamente que en vez de la cola frente al restorán, hace cola frente a la iglesia de San Cayetano, en vez del cine, en la puerta de una fábrica, oficina o donde sea que se ofrece un trabajo. Y en los hospitales públicos, cada vez más públicos. Y por supuesto los jubilados, siempre postergados, siempre parados frente al banco de cobro de sus miserables pensiones, todo un símbolo de vergüenza que a algunos les resulta indiferente, a otros antipático y a otros les parece natural, «total, no tienen nada que hacer».
Espero que los disolventes de colas no se encuentren nunca dentro de esta categoría porque se corre el riego que inventen una cola gigante donde meter a los cientos de miles de desocupados, que parados frente a una puerta cualquiera no hagan nada, sólo esperar con un papel en la mano a que pase el tiempo. (Ahora me acuerdo de un cuento que se Titula: «Un Señor Alto, Rubio, de bigotes» y es la historia de un hombre que espera que llegue este señor para que le dé trabajo, y se muere de hambre de tanto esperarlo, pero sin perder la esperanza)
¿Qué puede pasar si todas esas personas cambian la esperanza por la rabia? ¿Usted lo imagina?
Pedro Mirigliano