Al leer la crónica informativa sobre el primer cambio de sexo en nuestra sanidad pública, he sentido indignación contra los siete cirujanos del Hospital Carlos Haya de Málaga que lo han practicado. Me parece inaceptable aprovecharse de la ansiedad psicológica de una persona que no acepta su configuración biosexual, a pesar de que ésta sea normal, para realizar experimentos quirúrgicos con un ser humano y, además, con cargo a nuestros bolsillos. íSi al menos le hubieran cambiado de sexo! Pero no, no sólo no le han prestado la atención psiquiátrica que necesitaba, sino que le han estropeado de forma irreversible la parte de su sexualidad que tenía sana -la biológica- y, encima, le han convertido en un híbrido sexual (aspecto femenino sin cromosomas ni gónadas femeninas) expuesto a unos riesgos físicos y a unas nuevas patologías psíquicas imprevisibles. ¿Permite el juramento hipocrático actuar así? íQue cirujanos operen a los aquejados por patologías sexuales biológicas! íY que los psiquiatras atiendan a los afectados por patolog¡as sexuales ps¡quicas! Un m’dico pierde su dignidad cuando deja de respetar la del paciente, aun cuando la enfermedad lleve al enfermo a no respetarse a s¡ mismo.
Mar¡a A. Gonz lez Jim’nez
APROVECHARSE DE LA DEBILIDAD DEL ENFERMO
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