En aquellos tiempos en este desgraciado país nuestro hubo una guerra que ganaron los enemigos de la libertad y el progreso. Entre las que los ganadores aniquilaron estaba la nimia media libertad que nos daba a los catalanes el recortado estatuto de autonomía, pasado por el cedazo del parlamento republicano de Madrid. Como resultado de esta derrota militar nos pasamos un montón de años en una situación simbolizada quizás en que tal día como hoy, 14 de Abril, del año 1948 se denegó el permiso para editar El Libro de la Selva de Kipling en lengua catalana, y que los más optimistas tratan de reflejar en el once de setiembre, fiesta nacional recordando otra derrota en el mismo sentido, ésta en 1714, en el sentido que somos una gente que sabe reavivar una y otra vez el rescoldo que queda bajo la ceniza. Aquellos tenebrosos años alguna gente de por aquí, fuera de las organizaciones políticas clandestinas por necesidad la mayoría de ellos, hacía lo que buenamente podía en defensa del país y de su lengua. Lo hac¡a en peque_as cosas, entre otras llevar en la solapa de la chaqueta un escudo con las cuatro barras rojas de Catalunya sobre fondo amarillo e incluso, alguno un poco m s osado, uno de bronce con el sello oval de la Generalitat republicana y la divisa «Per Catalunya» (Por Catalunya).
Cuando sub¡a al tranv¡a hab¡a gente que le miraba de reojo, aunque no necesariamente con antipat¡a, y, nunca acababa de saber bien como en aquel veh¡culo abarrotado, se hac¡a una especie de vac¡o f¡sico a su alrededor por si las moscas, porque no hubiera sido la primera vez que algon falangista la emprendiera a bofetadas con el «rojo separatista» en la m s pura «dial’ctica de los pu_os y las pistolas» que practicaban. Gente como la que comento fue la que distribu¡a las octavillas de la campa_a contra aquel «Todos los catalanes son una mierda», de Lu¡s de Galinsoga, hagi¢grafo del dictador y director del diario La Vanguardia, aquellos otros de la campa_a «Us presentem al general Franco (os presentamos al general Franco)» o incluso los de las declaraciones antifranquistas del Abad de Montserrat, Escarr’, al diario franc’s «Le Monde».
Eran m s o menos excursionistas – y a la que pillaban uno de aquellos libros de registro que hab¡a en las cumbres m s importantes lo llenaban de inscripciones catalanistas m s o menos subversivas – por lo menos de acuerdo con el criterio del r’gimen fascista de entonces -, se reun¡an a bailar sardanas los domingos, llevaban en la cartera un retal de cinta con la bandera catalana, sacado vete to a saber de donde, y, a la que pudieron, abrieron cuenta en Banca Catalana. Hab¡a que «hacer pa¡s», dec¡an convencidos. En aquellos tiempos aquella misma clase de gente conviv¡a con otra m s bien asimilada a la situaci¢n oficial. Era gente, esta otra, que dec¡a «cubu de la bassure» para el artilugio que sirve para la basura (‘cubo de la basura’ en castellano y ‘galleda de les escombraries’ en catal n) y cuando hablaban la lengua propia del pa¡s lo hac¡an con una especie de tono engolado lleno de falsas dobles eles – «elol retalol, elol dedalol, elol hospitalol» es como suena -, producto de su pat’tico esfuerzo por hablar la lengua del imperio a poder ser sin acento – lo onico que hab¡an conseguido era hablar lo que un poeta, castellanoparlante por cierto, denomin¢ en tono burl¢n el «lele» -, propio de una parte de la burgues¡a, especialmente la barcelonesa. Cuando uno de los otros les hac¡a notar que aquello se llamaba en catal n «galleda de les escombraries», se mofaban de ‘l y lo tildaban de rampl¢n y decimon¢nico. Incluso le criticaban el escudo visible, con el argumento de que las ideas se llevan en el coraz¢n y no en la solapa. Ideas que pon¡an de manifiesto votando s¡ en los refer’ndum franquistas, mientras los otros, a pesar de todas las presiones y amenazas sobre sus sueldos y pensiones del se_or Fraga – s¡, este mismo centrista de toda la vida de ahora -, se absten¡an por no hacerle el juego a la dictadura fascista.
En aquellos tiempos acab¢ por morir en la cama la madre del cordero, y vino lo que se llam¢ la transici¢n. La mayor¡a de aquellos de las octavillas segu¡an reparti’ndolas, como siempre, muchos ahora con un carnet de partido de acuerdo con su ideolog¡a pol¡tica a_adida a su catalanismo de siempre. Cre¡an de verdad que si algo demostraba que somos una naci¢n era esta capacidad para cubrir ideol¢gicamente todo el arco pol¡tico sin dejar de ser catalanistas. No sab¡an, empero, lo que les reservaba el destino. Uno de los diversos redactores de aquellas octavillas que hab¡an repartido anta_o con evidente riesgo para su seguridad, fund¢ su propio partido e identific¢ al pa¡s con su persona. Este partido privado, de derechas claro, se llen¢ en seguida – aparte de otra gente, claro est – de franquistas, especialmente concejales municipales, que cambiaron directamente la camisa azul por el carnet redentor y tambi’n de muchos de aquellos del «cubu de la bassure», que gracias a la divisa partidaria «Un buen catal n ha de ser de (sus siglas)» pasaron a ser buenos catalanes de toda la vida mientras aquellos otros, si no se hab¡an afiliado o lo hab¡an hecho a partidos con correspondientes estatales, eran tildados de «botiflers» que ‘s como los nacionalistas llaman a los «malos catalanes», en una oscura manipulaci¢n nacional-personalista con algunos precedentes conocidos. Franco, s¢lo por poner un ejemplo, hac¡a lo mismo, con lo que los antifranquistas eran autom ticamente malos espa_oles.
Y ahora, para remachar el clavo, esta gente van a votar gratis al PP, en plena campa_a sucia de gente de este partido contra el uso normalizado de la lengua, primando la hostilidad racista hacia una de las caracter¡sticas ‘tnicas de nuestro pueblo, la lengua, y no se les cae la cara de verg_enza. ¥No te jode, los patriotas!
Jordi Portell
