Que cosas se pueden pontificar en un escrito bajo título «Las primeras comuniones», en que se critica que se enseñe a los niños la doctrina y la moral del Evangelio. Pase, afirma el autor, que se permita a los adultos abrazar esa «gran mentira». Pero le parece inmoral inculcarla a esas indefensas mentes infantiles. Y todo porque no cree en las realidades espirituales. Menos mal que se declara «entusiasta de la ciencia ficción», porque, si no, no sé qué explicación conseguiría darle, por ejemplo, a las profecías cumplidas, a los milagros científicamente acreditados o a los casos comprobados de exorcismo. La verdad es que se le ve un tanto el plumero cuando, al criticar la moral cristiana, sólo se fija en el sexo. Y resulta bastante rancio cuando, para avalar sus opiniones, repite los tópicos sobre el supuesto machismo y medievalismo de la Iglesia y sobre la religión como anestésico para los momentos duros, que después del reciente libro «El legado histórico del cristianismo» ya no hay persona medianamente culta que se atreva a sostener. Me parece tolerable que el autor piense como quiera. Pero que pretenda insultarnos a los padres que tratamos de transmitir a nuestros hijos nuestro mejor tesoro, diciendo que somos unos corruptores de menores y pretendiendo que les inculquemos sus err¢neas ideas, eso me parece intolerable.
Maria T. Rodr¡guez Rodr¡guez
COMUNIONES E INTOLERANCIA
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