A veces nos quieren convencer de que para el bien social basta el buen funcionamiento de la economía. Los valores del espíritu serían asuntos meramente privados. Ahora, al confirmarse la relación que existe entre el tercer secreto de Fátima y la caída del telón de acero, el desmoronamiento del régimen soviético y el atentado del KGB contra Juan Pablo II, me han venido a la memoria las declaraciones que hizo en Fátima, en 1996, el cardenal Ratzinger, que ya sabía el contenido de la tercera parte del mensaje de la Virgen: «Me parece, afirmó, que nuestro mayor error es pensar que las grandes acciones económicas y políticas pueden transformar el mundo; es una tentación -también en los cristianos- pensar que la oración no tiene mucho valor y, por tanto, se pierde en una interioridad. Ahora, aquí en Fátima, oímos hablar de cosas escondidas -conversión, oración y penitencia- que parecen no tener mucha importancia política, pero son cosas decisivas, son la fuerza renovadora del mundo».
Mar¡a T. Valls Verneda
REDUCIR LA POL-TICA ECONÓMICA
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