LOS PADRES DEBEN ASUMIR EL PAPEL PRINCIPAL EN LA EDUCACION SEXUAL DELOS HIJOS
Nadie niega hoy día la necesidad de la educación de la sexualidad. Pero el modo de entenderla depende de la antropología que se defienda. No es lo mismo, por ejemplo, una educación sexual dirigida a la promoción del llamado «sexo seguro» que la que se imparte dentro de un contexto de aprecio por la castidad. Por eso en los últimos tiempos han surgido protestas de padres ante algunos programas de educación sexual impartidos a sus hijos en la escuela. Un reciente documento del Consejo Pontificio para la Familia ofrece algunos puntos de referencia para orientar a los padres católicos en esta materia.
El documento «Sexualidad humana: verdad y significado»[1], fechado el 8 de diciembre de 1995, pretende ofrecer una guía para que los padres puedan acometer esa tarea con un criterio doctrinal seguro. Su responsabilidad es especialmente importante en una sociedad que trivializa el sexo y «no sabe comprender de modo adecuado lo que son verdaderamente la entrega de las personas en el matrimonio, el amor responsable al servicio de la paternidad y de la maternidad, la aut’ntica grandeza de la generaci¢n y educaci¢n».
CREADO PARA AMAR
La mitad del documento est dedicado a recordar las ideas fundamentales de la antropolog¡a cristiana, que son la base para enfocar la educaci¢n en la castidad. Esta virtud «no hay que entenderla como una actitud represiva sino, al contrario, como la transparencia y la custodia, al mismo tiempo, de un don recibido, precioso y rico: el del amor, en vista de la donaci¢n de s¡ que se realiza en la vocaci¢n espec¡fica de cada uno» (n. 4).
El hombre, en cuanto imagen de Dios, est creado para amar. «La persona es capaz de un tipo de amor superior: no el de la concupiscencia, que ve s¢lo objetos en los que satisfacer los propios apetitos, sino el de amistad y entrega, en grado de reconocer y amar a las personas por s¡ mismas. Es un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios; se quiere al otro porque se lo reconoce digno de ser amado» (n. 9).
«Nadie puede dar lo que no posee: si la persona no es due_a de s¡ misma -por medio de las virtudes y, concretamente, de la castidad- carece de aquella autoposesi¢n que la hace capaz de donarse. La castidad es la energ¡a espiritual que libera el amor del ego¡smo y de la agresividad. En la medida en que en el hombre se debilita la castidad, su amor se hace progresivamente ego¡sta, es decir satisfacci¢n de un deseo de placer y no ya un don de s¡» (n. 16).
UN CAMINO ALEGRE Y EXIGENTE
«La sexualidad no es algo puramente biol¢gico sino que se refiere al nocleo ¡ntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donaci¢n tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando es expresi¢n de la donaci¢n personal del hombre y de la mujer hasta la muerte.
Sin embargo, este amor, como la vida toda de la persona, est expuesto a la fragilidad causada por el pecado original y se ve afectado, en muchos contextos socio-culturales, por condicionamientos negativos y a veces desviantes y traum ticos.
No obstante, la redenci¢n del Se_or ha hecho que la pr ctica positiva de la castidad sea posible y motivo de alegr¡a, tanto para los que tienen la vocaci¢n al matrimonio -ya sea antes, durante la preparaci¢n, que despu’s, a lo largo del arco de la vida conyugal-, como para los que han recibido el don de una llamada especial» (n. 3).
«La formaci¢n en la castidad, en el marco de la educaci¢n del joven a la realizaci¢n y al don de s¡, implica la colaboraci¢n prioritaria de los padres tambi’n en la formaci¢n de otras virtudes como la templanza, la fortaleza, la prudencia. La castidad como virtud no puede existir sin capacidad de renuncia, de sacrificio, de espera» (n. 5).
«El mismo hecho de que todos est’n llamados a la santidad, como recuerda el Concilio Vaticano II, hace m s f cil comprender que, tanto en el celibato como en el matrimonio, se pueden dar -es m s, de hecho, se presentan a todos, de uno u otro modo y por un periodo m s o menos largo- situaciones en las que son indispensables actos heroicos de virtud. Tambi’n la vida matrimonial implica, por tanto, un camino alegre y exigente de santidad» (n. 19).
LA FAMILIA, ESCUELA DE HUMANIDAD
«Los padres, que han donado la vida y la han acogido en un clima de amor, cuentan con la riqueza de un potencial educativo que nadie posee: conocen de modo onico a los propios hijos en su irrepetible singularidad y, por experiencia, poseen los secretos y los recurso del verdadero amor» (n. 7).
«Es necesario hacer notar que la educaci¢n a la castidad es inseparable del esfuerzo por cultivar todas las dem s virtudes y, de modo particular, el amor cristiano, (…) la caridad. Tambi’n son importantes aquellas virtudes que la tradici¢n cristiana ha llamado las hermanas peque_as de la castidad (modestia, actitud de sacrificar los propios caprichos, etc.) alimentadas por la fe y la vida de oraci¢n» (n. 55).
«En estrecha conexi¢n con el pudor y la modestia, que son una espont nea defensa de la persona, que rechaza ser vista y tratada como objeto de placer en vez de ser respetada y amada por s¡ misma, se debe considerar el respeto de la intimidad» (n. 57).
La educaci¢n de los hijos a la castidad tiende a tres objetivos fundamentales:
Conservar en la familia un clima positivo de amor, de virtud y de respeto de los dones de Dios, especialmente del don de la vida.
Ayudar gradualmente a los hijos a comprender el valor de la sexualidad y de la castidad, sosteniendo su crecimiento por medio del ejemplo, del consejo y de la oraci¢n.
Ayudarles a comprender y a descubrir su propia vocaci¢n personal, al matrimonio o al celibato, en el respeto de sus actitudes y dones del Esp¡ritu Santo.
«Gran parte de la formaci¢n en familia es indirecta, est encarnada en un clima de amabilidad y ternura, porque surge de la presencia y del ejemplo de los padres cuando su amor es puro y generoso» (n. 149).
«Mediante esta remota formaci¢n en familia, los adolescentes y los j¢venes aprenden a vivir la sexualidad en la dimensi¢n personal, rechazando toda separaci¢n de la sexualidad del amor -entendido como donaci¢n de s¡- y del amor esponsal de la familia. El respeto de los padres hacia la vida y hacia el misterio de la procreaci¢n evitar al ni_o o al joven la falsa idea que las dos dimensiones del acto conyugal, unitiva y procreativa, se puedan separar al propio arbitrio. La familia es reconocida as¡ como parte inseparable de la vocaci¢n al matrimonio» (n. 32).
RESPONSABILIDADES DE LOS PADRES
Esta propuesta educativa se debe enfrentar hoy con una cultura empapada de positivismo, el cual tiene entre sus efectos el agnosticismo, en el campo te¢rico, y el utilitarismo en el campo pr ctico y ‘tico.
«El utilitarismo es una civilizaci¢n basada en producir y disfrutar; una civilizaci¢n de las «cosas» y no de las «personas»; una civilizaci¢n en la que las personas se usan como si fueran cosas… Para convencerse de ello, basta examinar ciertos programas de educaci¢n sexual introducidos en las escuelas, a menudo contra el parecer y las mismas protestas de muchos padres» (n. 24).
Es de gran importancia, pues, que «los padres sean conscientes de sus derechos y deberes, en particular de cara a un Estado y a una escuela que tienden a asumir la iniciativa en el campo de la educaci¢n sexual» (n. 42).
La tarea de los padres encuentra hoy una dificultad particular tambi’n por la difusi¢n de la pornograf¡a, inspirada en criterios comerciales que deforman la sensibilidad de los adolescentes. Ante ello, «es necesario, por parte de los padres, una doble acci¢n: una educaci¢n preventiva y cr¡tica en relaci¢n a los hijos, y una acci¢n de valiente denuncia ante la autoridad.
Los padres, aisladamente o en grupo, tienen el derecho y el deber de promover el bien de sus hijos y de exigir de la autoridad leyes de prevenci¢n y represi¢n de la explotaci¢n de la sensibilidad de los ni_os y adolescentes» (n. 45).
«No podemos olvidar, de todas formas, que el educar es un derecho-deber que los padres cristianos han advertido y ejercitado poco en el pasado, quiz s porque el problema no ten¡a la gravedad de hoy; o porque su tarea era sustituida en parte por la fuerza de los modelos sociales dominantes y, adem s, la suplencia que en este campo ejerc¡an la Iglesia y la escuela cat¢lica» (n. 47)
CUATRO CRITERIOS
«La familia es el mejor ambiente para llevar a cabo la obligaci¢n de asegurar una gradual educaci¢n a la vida sexual. La familia posee una carga afectiva adecuada para hacer asimilar sin traumas incluso las realidades m s delicadas, e integrarlas arm¢nicamente en una personalidad rica y equilibrada. Esta tarea primaria de la familia comporta para los padres el derecho a que no se obligue a sus hijos a asistir en el colegio a cursos sobre esta materia que est’n en desacuerdo con sus propias convicciones» (n. 64).
El documento resume en cuatro principios los criterios que los padres deben tener presentes en esta tarea:
1. Cada ni_o es una persona onica e irrepetible, y debe recibir una informaci¢n individualizada. El proceso de maduraci¢n de cada ni_o como persona es diverso. La experiencia demuestra que este di logo se desarrolla mejor cuando el padre lo hace con los chicos y la madre con las chicas (nn. 65-67).
2. La dimensi¢n moral debe formar parte siempre de sus explicaciones. Se debe insistir en el valor positivo de la castidad y en su capacidad de generar amor hacia las personas, pues ‘ste es su aspecto moral m s radical e importante: s¢lo quien sabe ser casto, sabr amar en el matrimonio o en el celibato.
Es importante que los juicios de rechazo moral de ciertas actitudes contrarias a la dignidad de la persona y a la castidad se justifiquen con motivaciones adecuadas, v lidas y convincentes tanto en el plano racional como en el de la fe, de modo que los hijos no los perciban err¢neamente como fruto del miedo de sus padres hacia ciertas consecuencias sociales o de reputaci¢n poblica (nn. 68-69).
3. La formaci¢n en la castidad y las oportunas informaciones sobre la sexualidad se deben proporcionar dentro del contexto m s amplio de la educaci¢n para el amor. Es necesaria tambi’n una ayuda constante para que crezca la vida espiritual de los hijos, con el fin de que el desarrollo biol¢gico y las pulsiones que comienzan a experimentar se encuentren siempre acompa_adas por un creciente amor a Dios y de una conciencia cada vez mayor de la dignidad de cada persona humana y de su cuerpo. El objetivo de la labor educadora de los padres es transmitir a sus hijos la convicci¢n de que la castidad en el propio estado de vida no s¢lo es posible sino que es fuente de alegr¡a (nn. 70-75).
4. Los padres deben impartir esta informaci¢n con delicadeza extrema, pero de modo claro y en el momento oportuno. Deben tratar el asunto entre ellos, y pedir luces al Se_or para que sus palabras no sean ni excesivas ni demasiado pocas. Ofrecer demasiados detalles a los ni_os es contraproducente, lo mismo que retrasar excesivamente esas conversaciones: toda persona tiene una natural curiosidad, y antes o despu’s se hace preguntas, sobre todo en una sociedad en la que se puede ver demasiado, incluso por la calle (nn. 75-76).
EDUCACION SEXUAL
El documento hace hincapi’ en la recomendaci¢n de que los padres sean conscientes y ejerzan su propia funci¢n educativa, que es un derecho-deber primario. De ah¡ se deduce que cualquier acci¢n educativa hacia sus hijos, ejercida por personas ajenas a la familia, deba contar con la autorizaci¢n de los padres y se deba plantear como apoyo, no como sustituci¢n. Este principio general tiene especial importancia en lo referido a la educaci¢n sexual.
«En el caso de que los padres sean ayudados por otros en la educaci¢n de los propios hijos al amor, se recomienda que se informen de modo exacto de los contenidos y modalidades con que se imparte esa educaci¢n suplementaria» (n. 115). «Se recomienda que se respete el derecho del ni_o y del joven a retirarse de cualquier forma de instrucci¢n sexual impartida fuera de su hogar» (n. 120).
El documento se_ala cuatro principios pr cticos que hay que tener presentes en este terreno:
1. La sexualidad humana se debe presentar segon la ense_anza doctrinal y moral de la Iglesia, teniendo siempre en cuenta los efectos del pecado original. Se debe formar la conciencia de modo claro y preciso. La moral cristiana ense_a no s¢lo a evitar el pecado sino a crecer en las virtudes (nn. 122-123).
2. Se deben presentar a los ni_os y a los j¢venes las informaciones proporcionadas a cada fase de su desarrollo individual (nn. 124-125). Varios par grafos del documento (nn. 77-111) est n dedicados a la descripci¢n de las principales fases del desarrollo: los a_os de la inocencia, la pubertad, la adolescencia y hacia la madurez, con algunas sugerencias para cada edad.
3. No se debe presentar a los ni_os y a los j¢venes de cualquier edad, ni individualmente ni en grupo, ningon material de car cter er¢tico. Se trata de ofrecer una instrucci¢n positiva y prudente, clara y delicada (n. 126)
4. No se puede invitar a nadie, y mucho menos obligarlo, a actuar de modo que pueda ofender objetivamente la modestia o que subjetivamente pueda da_ar la propia delicadeza o el sentido de la privacidad (n. 127).
Ayuda complementaria
Por todo lo dicho se deduce que el m’todo normal y fundamental de educaci¢n sexual «es el di logo personal entre padres e hijos, es decir la formaci¢n individual en el mbito de la familia». Sin embargo, cuando los padres piden ayuda a otros, existen varios m’todos otiles que podr¡an recomendarse (n. 129):
Los padres pueden reunirse con otros matrimonios, preparados en la educaci¢n al amor, para adquirir experiencia.
Los padres pueden participar con sus propios hijos en sesiones dirigidas por personas expertas, de plena confianza.
En ciertas situaciones, los padres pueden confiar a otra persona una parte de esta educaci¢n, si existen cuestiones que requieren una competencia o atenci¢n pastoral particular.
La catequesis sobre la moral la pueden impartir otras personas de confianza.
Esa catequesis no debe comprender los aspectos m s ¡ntimos, que se deben abordar en familia.
La formaci¢n religiosa de los propios padres les ayuda a profundizar en la comprensi¢n de la comunidad de vida y amor que es su propio matrimonio y a comunicar mejor con sus hijos.
METODOS RECHAZABLES
Es evidente que, con frecuencia, los m’todos de educaci¢n sexual que se proponen en las escuelas o en otros mbitos no respetan esa sensibilidad. Los padres deben estar alerta ante la posibilidad de que se imparta a sus hijos una educaci¢n inmoral por medio de m’todos con las siguientes caracter¡sticas:
Educaci¢n sexual secularizada y antinatalista. Es la visi¢n difundida por grandes organizaciones internacionales que promueven el aborto, la esterilizaci¢n y la contracepci¢n.
Con el pretexto de promover el «sexo seguro», sobre todo a ra¡z de la difusi¢n del SIDA, se comete el abuso de ofrecer a los ni_os, incluso gr ficamente, todos los detalles m s ¡ntimos de las relaciones genitales. Indiferencia hacia la ley moral objetiva, incitando a los j¢venes a seguir sus criterios subjetivos.
Inclusi¢n de esta idea de la sexualidad en el contexto de otras materias, con lo que hace m s dif¡cil su control por parte de los padres. Este sistema se usa especialmente para difundir la mentalidad del control de la natalidad.
[1] Sessualit. umana: verit. e significato. Orientamenti educativi in famiglia. Pontificio Consiglio per la Famiglia. Roma (1995). 63 p gs.
Camilo Amaro Alonso
