Es muy dura la separación de la muerte. Más cuando no se espera. Y más aún cuando se trata de vidas a las que cabía predecir un amplio futuro. Siempre, cuando se trata de un ser querido. Ya he tenido que pasar por ese trance en varios momentos de mi vida. Por eso, quiero transmitir a los familiares de los accidentados en Soria, a modo de pésame sincero, un pensamiento que me ha servido de consuelo en momentos así: es preferible no lamentarse de haberlos perdido sino dar gracias a Dios por el tiempo que los hemos tenido.
Además, aunque físicamente los perdemos hasta la resurrección de la carne, espiritualmente cabe no separarse de ellos. En este orden es posible tenerlos aun más cerca que cuando los veíamos todos los días. Hagan la prueba. Es un reto. Pero si lo afrontan, hallarán la paz.
Alicia M Riera Roig
Barcelona
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