En 1907 Gandhi respondió a quien le proponía campañas antinatalistas en lugar de ayudas para el desarrollo en India: ½La tierra brinda lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos+. Lo estamos comprobando en estos momentos en España. La mentalidad codiciosa hizo que no quisiéramos tener los hijos necesarios. Pensábamos que seríamos demasiados para montárnoslo a lo grande. Y ahora nos encontramos que, al carecer de la natalidad necesaria, nuestro progreso no puede sostenerse ni avanzar sin la afluencia de una población inmigrante que sustituya a los que en su día no quisimos procrear.
¿Seremos capaces de superar, ante la inmigración, el egoísmo que nos ha llevado a necesitarla? Porque cabe el peligro de reincidir en nuestro error pasado. Ya que si no quisimos sacrificarnos por quienes podrían haber sido nuestros hijos, es más difícil que lo hagamos ahora por quienes no lo son. Pero esto nos perjudicaría, pues los conflictos de xenofobia acabarían desestabiliz ndonos. Es imprescindible poner orden en la inmigraci¢n. Pero sin olvidar que la generosidad en poco tiempo acaba resultando rentable.
Jos’ A Miranda Mart¡nez
Granada
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