Acostumbrados como estamos a tantos políticos occidentales que parece como si se avergonzaran de sus creencias, me ha llamado positivamente la atención que, en su reciente visita a Italia, el nuevo Presidente ruso, que no da la impresión de que sea ningún beaturrón, no haya tenido reparos en manifestar su condición de cristiano. Estas fueron las declaraciones de Vladimir Putin al diario italiano La Stampa: «En nuestro apartamento compartido había una viejecita, la abuela Anya. Cuando nací, mi madre y ella me bautizaron a escondidas de mi padre, que era miembro del PCUS, secretario de célula de la fábrica… Cuatro años antes de morir mi madre, fui a Israel, y ella me dio la cruz bautismal para que la consagrara en el Santo Sepulcro. La tomé y, para no perderla, me la coloqué en el cuello. Desde entonces no me la he quitado.
Maria José Gutiérrez Sanjuán
Granada
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