Aquí salen sobrando los gráficos estadísticos que muestran escrutinios en forma de pasteles, lo mismo que las barras y los cuadros porcentuales. Aquí salen sobrando los discursos, las argumentaciones, los intentos de explicar lo inexplicable, las aritméticas oficiales y las confiables, los manifiestos, los informes las pruebas, las constataciones, los ábacos, las calculadoras, las cuentas con los dedos, las anotaciones murales con tiza, las actas, las copias al carbón… aquí están demás los inútiles intentos de apelar a la racionalidad. Aquí todos sabemos que las elecciones venezolanas están deslegitimadas por la certeza del fraude.
Desde la base hasta la cúpula, ningún estrato del poder se salva de la mirada acusadora: están mintiendo, el poder en Venezuela se ha distribuido a partir de una componenda vil y mal disimulada. No necesitamos ver ni una sola torta más en el periódico, no precisamos de más informes del Consejo Nacional Electoral. Sabemos del fraude ahora, una vez consumado el crimen y lo sab¡amos desde antes, incluso cuando form bamos colas varias horas para gritar un mensaje de democracia y civilizaci¢n.
Los agentes de las tinieblas que calcularon la gran trampa, la organizaron, la negociaron y la perpetraron, contaban con el intenso desgaste de una comunidad agobiada por las enormes dificultades de la vida cotidiana en Venezuela (un fraude en s¡ mismo); sab¡an que la poblaci¢n est harta del interinato en que ha venido transcurriendo la vida poblica de la naci¢n desde el momento mismo en que el presidente Ch vez traspuso las puertas de Miraflores; apostaron a que s¡, que algunas voces se alzar¡an se_alando la patra_a, la bajeza, la gran traici¢n, pero ser¡an acalladas por el deseo de la normalidad que tiene la gente (y que es muy comprensible y muy normal).
Los autores del gran roto de julio sab¡an que a la hora de cometer sus fechor¡as estar¡an favorecidos por el deseo de los venezolanos de que todo salga bien, de que ya no haya m s sobresaltos, que la pol¡tica vuelva a sus mentideros, los soldados a sus cuarteles, el presidente a su despacho y el pollo al congelador.
Y puede ser que en esto no hayan fallado sus estimaciones. El pa¡s, para decirlo en palabras de Bola de Nieve, tiene las manos deshechas de apretar que ya ni puede sujetar… un anhelo de verdad, de apego democr tico. Puede ser que el pa¡s est’ reclamando el derecho a la indiferencia, a que lo dejen en paz, a que no lo martiricen m s con proselitismos, con exigencias de compromisos, con apelaciones para ser carne de mitin. Puede ser que ellos salgan muy bien librados de sus trapacer¡as, que nada les impida el logro de sus marramucias, que el agotamiento de las masas los arrulle como un coro de impunidad. Puede ser. Ya hemos visto tanta impunidad en Venezuela que una m s no nos sorprender¡a.
Pero que sepan que aon resignado, aun hecho el desentendido, aun doblado por su dolorosa circunstancia, estar ah¡ un pa¡s pregunt ndose c¢mo puede llamarse hombre un tipo que ocupa un cargo contra la voluntad de los electores: como puede llamarse gobernador de un estado venezolano un sujeto incapaz de gobernar sus propias apetencias; y c¢mo puede llamarse compatriota un individuo que llevar por siempre la marca de la falsedad.
Milagros Socorro
Venezuela
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