No entiendo la columna de Alfonso Ussía, titulada ôLa oraciónö, en que critica que el obispo de Madrid pida a sus diocesanos oraciones para que acabe el terrorismo etarra. Si tiramos de hemeroteca, nos encontraremos sus artículos metiéndose con algún obispo porque pensaba (Ussía) que estaba (el obispo) metiéndose en un terreno ajeno a su competencia. Y ahora reprocha al cardenal Rouco que recuerde la importancia de la oración. No ha dicho el arzobispo que no haya que poner los medios a nuestro alcance. Eso lo sobreentiende cualquier buen entendedor. En cambio, en una sociedad que ha olvidado que hay factores que no dependen de nuestros esfuerzos, sí hacía falta que advirtiera que no basta dar con el mazo sino que también hay que rogar a Dios. Es decir, habrá que seguir trabajando en la línea de buscar remedios a este problema: con el cumplimiento íntegro de las condenas, que propone Ussía, o con lo que se vea más justo y prudente. Pero sin caer en el error de Stalin al acabar la Guerra Mundial, de ningunear al Papa -¨Cu ntas divisiones acorazadas tiene?, pregunt¢- por ignorar un poder, el de la oraci¢n, que acab¢ con el r’gimen sovi’tico sin derramar una gota de sangre.
Francisco Arenillas Tejera
M laga
*Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
