He sentido verg³enza. Estaba en la estación de La Navata (Madrid), que cuenta con unas instalaciones estupendas. Pero están muy descuidadas. Los mapas ya no indican casi nada, porque se les ha borrado la tinta en varios lugares. Los altavoces apenas se escuchan. La pintura está pasada. Son pequeños detalles, en comparación con el conjunto. Pero esos abandonos hacen que el usuario no habitual de esta estación de cercanías no consiga aclararse con el tren que tiene que coger. Además, da pena que, por no invertir una cantidad mínima en mantener las instalaciones, éstas produzcan una impresión tercermundista. Es absurdo hacer una inversión millonaria y luego no preocuparse de mantener aquello en las debidas condiciones técnicas y estéticas.
Manoli Galera Martínez
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