En el frenesí muy bien orquestado contra la Mesa de Diálogo de Los Pozos, que algunos ultraderechistas amenazan con hacer reventar, varios columnistas de opinión en los diarios y revistas de la oligarquía, han descalificado el proceso con la FARC-EP dizque porque es excluyente. En El Tiempo del pasado viernes 21 de julio, el mismo día e que viajaron varios colombianos a la reunión con el ELN en Ginebra (Suiza), Alfredo Rangel, decía que ojalá este nuevo proyecto sí incorpore a la ôsociedad civilö, que es la gran ausente en el Caguán.
Es la manida maniobra de la derecha de contraponer procesos de paz. Hasta hace unos días colocaban como ejemplo el escenario de Los Pozos; ahora, en la perspectiva de los diálogos con los ôelenosö, éstos son los procedentes y los otros no sirven para nada. Sin embargo, no aluden al hecho vergonzoso de que la reunión se haya convocado en el viejo continente, muy lejos del escenario nacional, sencillamente porque el paramilitarismo le impuso al Gobierno la negativa de un rea de despeje o de convivencia o como se le quiera llamar en el sur de Bol¡var, para adelantar los contactos en Colombia como debe ser.
De todas maneras es falso que en el Cagu n no haya participaci¢n del pueblo. Precisamente, las audiencias poblicas, que el Gobierno ha querido desmontar, se han convertido en un punto de convergencia y encuentro de las necesidades y anhelos populares y los planteamientos de las FARC-EP para la renovaci¢n democr tica y social del pa¡s. Ser¡a oportuno que las Comisiones Tem ticas, tanto del Gobierno y de las FARC-EP, que ahora trabajan en la tarea de sintetizar las miles de propuestas que han sido presentadas por las comunidades (en la pura base de la sociedad) respecto del primer tema, informaran tambi’n cu ntos ciudadanos han comparecido en los diferentes eventos especializados para escuchar al pa¡s nacional del que hablaba Gait n. En las audiencias el Estado olig rquico y bipartidista se ha convertido en el blanco de las cr¡ticas y de los se_alamientos de los ciudadanos.
Lo que ocurre es que para la derecha el pueblo raso no cabe en el concepto de «sociedad civil». Estas, segon su miope valoraci¢n, son las ‘lites que representan a las instituciones, a los gremios, a la Iglesia, a los partidos pol¡ticos e inclusive a las organizaciones sociales. Por eso no les gusta el escenario del Cagu n y en la medida que prospere el proceso con el ELN, igual dir n de la Convenci¢n Nacional.
En contraste, las audiencias se han crecido, como qued¢ demostrado en las realizadas este fin de semana pasado sobre los temas energ’tico y la juventud, donde los trabajadores y sus sindicatos y las organizaciones juveniles volvieron a colocar contra la pared al Establecimiento. Si algo han demostrado estos eventos es que el pa¡s exige cambios profundos.
Por Carlos A. Lozano Guill’n
Director de VOZ
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