Me han contado que en lo alto del interior de la catedral de Santo Domingo de la Calzada hay una jaula con gallinas, en recuerdo de un famoso suceso en que un condenado a muerte salvó la vida porque el verdadero culpable fue delatado por el canto de una gallina que estaba asada. De ahí el dicho: ½Como en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina aunque estaba asada+. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que, como ha explicado magistralmente Juan Manuel de Prada en su artículo ½¿Dilema ético?+, los norteamericanos acaban de quitarle todo el encanto cientifista-altruista al debate que se había levantado acerca de la clonación. Mientras algunos trataban de justificar que se sacrificaran vidas humanas en aras a un progreso médico, los americanos se han dejado de debates éticos y, haciendo gala de su pragmatismo, han aprovechado la coyuntura para, pasando de clonación, ir a por la experimentación con los embriones sobrantes de la fecundación ½in vitro+. Cantó la gallina. Es decir, ha quedado al descubierto que de lo que se trata es de no perder, como dec¡a un portavoz de la Casa Blanca, los öpotenciales beneficios asombrosos+ del negocio de la industria biotecnol¢gica. Lo importante es experimentar. ¨Para que esperar a que funcione la clonaci¢n, si ya podemos disponer de embriones-cobaya usando para ello los que fueron congelados despu’s de ser creados öin vitro+?
Camilo Amaro Alonso
Sevilla
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