El Kursk no es el primer submarino que dramáticamente se hunde. Kursk es el inicio de una Era y el final de la misma. Con él se hunde una filosofía: «el miedo guarda la viña». El miedo a las Divisiones acorazadas de Stalin (Batalla de Kursk), y el miedo a las plataformas submarinas artilladas de misiles atómicos (Submarino Kursk). Representan un peligro para el Medio Ambiente y para sí mismos.
Kursk es la constatación del fallo de una filosofía: la del poderío. La Flota rusa se causa pavor a sí misma. Cada flota es causa de su propio pavor. Los tanques, submarinos y otros artilugios articulados están llamados a ser chatarra mortal. Se infravalora la vida humana de los tripulantes, mientras se potencia la capacidad destructora de los ingenios que conducen.
En nuestra Era, más potente que los vectores nucleares que alberga el Kursk, es la palabra. Llega más lejos, es más veloz e incide sobre más población: vida y libertad.
La tripulación del Kursk ha sido sacrificada en nombre de la Disciplina. No han muerto en defensa de la vida de sus conciudadanos, ni de la Libertad del pueblo. Una disciplina pretoriana, irracional que sirve a una virtual disuasi¢n ante Nadie. Pues Nadie pretende ahogar la libertad de Rusia.
El desastre del Kursk lo es tambi’n de nuestra Generaci¢n: todas las naciones esconden sus Kursk. Por ello habr¡an de verse reflejadas en esta cat strofe y reinventar una noci¢n comon de Defensa.
Alfonso Marin de Espinosa
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