La historia no olvidará quién es el que ha hablado y el que se ha quedado callado, sin hacer nada, ante las patológicas propuestas de experimentar con embriones humanos que sean fruto de una clonación o que estén congelados después de haber sido creados por fecundación ½in vitro+. Hace sesenta años también hubo científicos que se prestaron a los horribles experimentos nazis. Hoy el problema no es ni siquiera ideológico, sino mucho más pedestre: un miserable interés financiero. Pues si se pueden lograr los mismos fines terapéuticos con medios rectos, pero prevén que saldrá más caro, renunciar a estos medios no es por razón de la salud sino del dinero. Por eso, quienes queramos no resignarnos a la indignidad no podemos quedarnos callados, aunque no fuéramos más que una pequeña minoría. Que no lo somos. Pero esta mayoría no contamos con la poderosa orquesta mediática con la que ellos están inculcándonos que el embrión no es un ser humano digno de un respeto sin condiciones. Hay que dejar claro que no se puede enfatizar un fin para justificar cualquier medio: la moral m s elemental exige que se persigan los fines adecuados con los medios adecuados. De lo contrario, permitir¡amos posibilidades que la historia ya ha condenado.
Camilo Amaro Alonso
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