Los políticos caen una vez y otra en el puritanismo. Se equivocan, no lo reconocen, se mantienen en su error y nos los quieren vender aciertos de sus gestión. Me ha hecho gracia que la Consejera de Cultura de Andalucía, Carmen Calvo, haya respondido a la pregunta del diputado del PP, Rafael Salas, sobre la dimisión del Jefe de Itálica, aduciendo razones de «cotidianeidad democrática». Cuantos están un poco en el ajo del asunto saben que el dimitido Javier Verdugo, del PSOE, había manifestado públicamente verdades que molestaban a la Consejera y su intención de crear para Itálica un Patronato con participación del Gobierno. Por eso, no me extraña que la señora Calvo le pase factura de este modo. Pero no me parece muy democrático ni amante del enriquecimiento que supone una sana diversidad de pareceres. Y, desde luego, me resulta preocupante que, en lugar de disimular el error, sostenga abiertamente que esta forma de proceder es el modo como ella entiende la democracia y constituye el pan de cada d¡a de su gesti¢n. Ya hab¡a o¡do hablar del talante de esta Consejera. Pero esto, aunque no seamos de la generaci¢n del mayo franc’s de 1968, todo esto nos recuerda la democracia «org nica» franquista. Pat’tico, impresentable ese af n enfermizo de poseer la verdad, postura muy puritana, por cierto.¨Democracia «org nica y puritana»?
Marcos Guti’rrez Sanju n
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