Hay algunos momentos en la vida de las personas en los que se les produce una especie de eclosión de sentimientos positivos que les hace vivir como sobre una nube. Normalmente tal situación tiene que ver con la presencia en el entorno inmediato de esta gente de alguien que les ilusiona, que les hace sentir una inmensa alegría de vivir. Ahora mismo, yo, sin que sea necesario buscar más lejos, después de unos cuantos meses û me han parecido años û de estar más bien angustiado, de dejarme arrastrar de mala manera a más de una y de dos sacudidas depresivas, estoy viviendo una situación de este tipo y no puedo ni quiero resistirme a la tentación de comunicar el alud de agradables sensaciones que me provoca. No es nada nuevo que se critique a los medios de comunicación por no publicar casi nunca noticias y comentarios en positivo, y yo mismo también me confieso culpable de ello, ya que de forma tradicional me dedico antes que nada a la crítica de lo que a mi me parece desacertado û siempre según mi leal saber y entender – de la vida pol¡tica en general y del funcionamiento de las instituciones y servicios, o, como mucho, a tratar de tarde en tarde acerca de temas tirando a melanc¢licos, nost lgicos. Por eso me parece que «toca», y nadie tiene porque hacer pocos o muchos aspavientos, de hablar, por lo menos por un d¡a, de algo mucho m s positivo que de las meteduras de pata de uno u otro dirigente local, nacional o estatal, o de los d’ficits en materia de ense_anza poblica – por poner un ejemplo de instituci¢n que adolece de m s de una tara -, aunque, ya que ha salido el tema sobre el tapete, quiz s que, en esta clave positiva, sea necesario decir que como usuario de este servicio estoy contento de como lo ha enfocado este curso que acaba de empezar la actual responsable del departamento de la Generalitat de Catalunya que se encarga del tema. Hacer lo que sea necesario para aumentar el nivel de conocimientos sobre contenidos concretos de los alumnos, con vistas a garantizar el ‘xito de la escolarizaci¢n en lugar del grave d’ficit existente hasta el momento.
¨Hab’is tenido en algon momento de vuestra existencia la sensaci¢n de que vuestros pies tienen alas? Imaginad a alguien que vive desde hace a_os en un tercer piso – sin ascensor – y, aparte de los primeros meses que transcurrieron despu’s de ser ingresado con toda urgencia en el hospital afectado por una grave anomal¡a de tipo cardiovascular, cuando ni siquiera pod¡a salir de casa por su propio pie – le llevaban a los preceptivos controles baj ndole los de la Cruz Roja en brazos -, ten¡a que pens rselo dos veces eso de subir las escaleras, y lo hac¡a tom ndoselo con toda la calma del mundo, sin prisa alguna. Hoy hace algunos d¡as tuvo una visita muy interesante que, aparte del buen rato que pas¢ mientras dur¢ la presencia f¡sica de quien le visitaba – rato que dedicaron de forma exclusiva a cenar y a conversar, no hay que pensar otra cosa -, le dej¢ completamente arrobado por la personalidad de su compa_era, produci’ndosele una de aquellas dulces eclosiones de sentimientos que he mencionado al inicio de estas l¡neas. Aquella misma noche baj¢ y subi¢ las malditas escaleras dos veces en el transcurso de tres horas, sin que se resintiera ni poco ni mucho por ello, y, el martes pasado, al regresar de la visita m’dica donde se le hab¡a dado de alta del tratamiento psiqui trico que estaba siguiendo a ra¡z de los trastornos relacionados con las insensateces que su soledad le inspiraba de tarde en tarde, cuando las subi¢ lo hizo casi saltando los escalones de dos en dos, ligero como una pluma. No creo necesario aclarar que si el psiquiatra le hab¡a dado el alta era porque le hab¡a considerado absolutamente fuera de cualquier clase de riesgo de reincidencia, ni poca ni mucha, despu’s de escucharle un buen rato mientras describ¡a la alegr¡a de vivir que la irrupci¢n de aquella agradable visita en su existencia le hab¡a inspirado con tanta eficacia. Yo creo que la an’cdota es una buena noticia no s¢lo para su protagonista, sino para todos aquellos que de una u otra forma llegan a estar desesperados, y sin ver otra salida a su angustiosa situaci¢n personal que alguna muy dr stica por cierto, en plena crisis de aniquilamiento de su autoestima. S¢lo les es preciso buscar en el lugar adecuado la forma de recibir alguna noche, alguna ma_ana, algon mediod¡a o alguna tarde la visita de la persona adecuada para cada uno de ellos, y, aunque a lo mejor no lo consigan en su primer intento, darse cuenta de que en la vida de cualquier persona siempre existe la oportunidad para vivir de forma intensa momentos que valen la pena, aunque la amargura de sus tribulaciones le puedan hacer pensar lo contrario.
Gracias, mujer.
Jordi Portell
Barcelona
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