La familia es la primera educadora de la no-violencia, del pacifismo, de sus hijos. La violencia escolar vuelve por sus fueros desde el primer día que empieza el curso. Faltas del respeto a los profesores, burlas, mofas por parte de determinados alumnos, que suelen ser los mismos que ya las protagonizaron los cursos anteriores. «Cuando un tonto coge una vereda, se acaba la vereda y sigue el tonto», dicho popular. La guardia civil debe ir a tomar declaración por incidentes gravísimos una tarde cualquiera; resulta que la presunta agresora es una adolescente de mirada ingenua, guapa, fuerte a la que se le fue la mano con una compañera de IES esa mañana. El profesorado aplica las medidas preventivas y disuasorias adecuadas, pero tal vez cuente con escasos instrumentos para impedirla, para prevenirla, si las familias del alumno fallan. En determinados centros ya se sabe con antelación qué son los alumnos problemáticos. ¿Por qué no se proponen medidas preventivas y de apoyo a esas familias y a ese profesorado en concreto para poder hacer frente adecuado a ese problema que suele tener nombre y apellidos?.
En todos y cada uno de los centros se encuentran alumnos problem ticos con estos s¡ntomas: Alardea de modo ostensible de sus logros; se enoja cuando se le corrige; piensa que ‘l es m s importante que los dem s; actoa sin pensar; culpa a otros de sus propios errores; molesta a otras personas o se burla de ellas; se mete en situaciones de mucho riesgo y peligro; comete actos ilegales; no mantiene amistades; se aburre f cilmente; se despreocupa por su rendimiento en la escuela; no se siente culpable o malo por algo que ha hecho; tiene emociones superficiales, como forzadas; no muestra emociones; actoa de forma amable, pero sin que aparezca sincero; no se preocupa por los sentimientos de los dem s.
Los pol¡ticos como la socialista C ndida Mart¡nez, consejera de Educaci¢n de la Junta de Andaluc¡a, niega que exista violencia escolar, pero sus firmes convicciones chocan con la realidad de las aulas.
Tal vez sea necesario cambiar a estos pol¡ticos negadores de la realidad, por otros que se ocupen de los problemas, en lugar de negar su existencia, y den soluciones creativas, viables. Aunque sean interviniendo con profesionales especializados en la misma familia del alumno problem tico.
Ana Carvajal Becerra
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