Con infinita tristeza leo en el diario El País que el veterano cantante Imanol Larzabal ha decidido abandonar el suyo, el país vasco, harto de las presiones de los nazi-fascistas del conglomerado que forman ETA/EH/HB/Jarrai y todo lo que del mismo cuelga. Aunque cada día que pasa este tipo de cosas nos extraña menos, la noticia es, en verdad, una paradoja. Me explicaré, como acostumbro a hacerlo cada vez que introduzco un elemento afirmativo en mis escritos. En el año 1976, en una de mis periódicas escapadas a Perpignan (Pirineos Orientales-Francia), conseguí un disco de Imanol, editado en la colección Le chant du monde, en el que, aparte de otras canciones como Ardi faltso hoiei û que empezaba con un muy optimista para los tiempos que corrían Agur askatasuna (Buenos días libertad) y repetía con tozuda insistencia el estribillo Aski memperatzaile, eta bere kateak! (Abajo los explotadores y sus cadenas) û, destacaba con fuerza la del título con que he encabezado estas líneas. Era û de hecho sigue si’ndolo – una canci¢n biling_e, en euskera y castellano, y el mensaje del t¡tulo Herriak ez du barkatuko o El pueblo no olvidar se repet¡a una y otra vez en el estribillo de su letra, mientras iba pasando revista a algunos de los hechos m s sanguinarios de los oltimos a_os del franquismo. As¡ se dec¡a que el pueblo no olvidar¡a Eibar, Erandio, San Adri n del Bes¢s – lugares donde hab¡a habido muertos por disparos de las fuerzas de orden poblico en manifestaciones y huelgas, dando origen a la leyenda de los obreros voladores, porque estas fuerzas, segon dec¡an los medios oficiales de aquellos tiempos, disparaban al aire, con lo que acababa de quedar claro que los obreros no s¢lo volaban, sino que alguno lo hac¡a incluso de espaldas, onica forma en que pod¡a recibir los balazos donde los hab¡a recibido -, y que este mismo pueblo vengar¡a a los etarras muertos Otaegui y Baena, y terminaba con un Herriak ez du Txiki aztuko – El pueblo vengar al Txiki, que pon¡a literalmente los pelos de punta.
Recuerdo aquella ya lejana primavera del a_o 1977, cuando se ol¡a el cambio y la proximidad de la democracia, pero antes aun de la legalizaci¢n de los partidos comunistas, y yo colocaba en mi equipo de mosica, con el volumen muy alto, este disco de Imanol, con las ventanas del tico donde viv¡a entonces – en un pueblo del sur de la comarca del Maresme (Barcelona) – abiertas de par en par, y recuerdo tambi’n las caras de estupor de algunos miembros de las fuerzas de orden uniformados de verde, que no sab¡an como ten¡an que reaccionar ante la evidente provocaci¢n que representaba aquella mosica que sonaba, como quien dice, por todo el barrio. No mucho m s tarde, en otra de aquellas escapadas m¡as al sur de Francia, consegu¡ otro disco del mismo autor, editado el a_o 1973 en la misma colecci¢n que el otro, que bajo el sugerente t¡tulo de …Orain borrokarenean conten¡a canciones como por ejemplo una dedicada a la muerte del militante etarra Txabi Etxebarrieta, con una fotograf¡a de ‘ste al lado, u otra que empezaba as¡: (maiatzeko lehena zen, gogoratzen gera: «¥carnet de identidad he dicho!», gogoratzen geranez…) – (era un primero de mayo, era ni m s ni menos que as¡: «¥carnet de identidad he dicho!», nos acordamos bien…), mientras toda la carpeta del lbum estaba ilustrada con dibujos antifranquistas y distintas fotograf¡as de activistas de esta misma organizaci¢n que ahora mismo le acaba de ahuyentar de su propio pa¡s por haber discrepado en poblico de la forma en que ellos hacen las cosas. Los dos discos forman parte, juntamente con bastantes m s, de la donaci¢n que quien esto escribe hizo el mes de diciembre pasado al ayuntamiento del pueblo donde reside, para ser destinados a iniciar la formaci¢n de la fonoteca municipal aneja a la biblioteca.
En aquella ‘poca ‘ramos unos cuantos que aun nos cre¡amos que contra la criminal dictadura fascista que padec¡amos, totalmente ileg¡tima se la mire desde el punto de vista que se la mire, val¡a todo, y que aquellos muchachos vascos los ten¡an realmente muy bien puestos. Incluso a los m s voluntaristas de entre nosotros nos daba por pensar que si hubiera habido m s como ellos en todo el territorio del estado, hubi’ramos tenido que aguantar la dictadura franquista bastante menos tiempo, sin haber tenido que esperar que muriera en su cama quien la manten¡a en pie con mano de hierro. «Sic transit gloria mundi». Creo que es hora de que todos los que en un momento u otro dimos apoyo en alguna forma a lo que ha resultado, como m¡nimo, igual que lo que pretend¡a combatir, entonemos un cierto «mea culpa.
Lo siento Imanol. De verdad.
Jordi Portell
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