Que me organicen un Día sin tabaco o sin alcohol para animar -sin coaccionar- a los fumadores o bebedores habituales a intentar dejarlo, me parece muy bien como gesto pedagógico. Pero, claro, ya no me parecería tan bien si ese día los organizadores montaran piquetes para linchar o, por lo menos, apalear a quienes pillaran practicando su vicio. Por eso me parece inadmisible lo del día sin coches. De entrada, porque el coche no es como el tabaco: aunque pueda usarse mal, de suyo es un instrumento positivo y, hoy día, imprescindible para muchos. Después, porque lo que no pueden hacer los municipios es coaccionar a la gente. Pagamos nuestros impuestos para que los administren bien, para que busquen soluciones al tráfico y a los demás problemas de convivencia, y no para que nos digan que una aglomeración se remedia matando a la gente pues así ya no se podrán amontonar. Y también, porque es una catetada espectacular. Da verg³enza enterarse de que más de la mitad de los municipios de toda Europa que han secundado la jornada en cuesti¢n eran espa_oles. La mayor¡a han pasado de ese esperpento. Pero aqu¡ iban tan serios y tan ecol¢gicos mientras la ciudad se convert¡a en un desastre.
Marcos Guti’rrez Sanju n
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