Me han impresionado las declaraciones del sacerdote que ha acompañado hasta su muerte al recluso Rocco Barnabei, ejecutado en Virginia el pasado 14 de Septiembre: ½Incluso quien es favorable a la pena de muerte -afirmó el capellán al día siguiente de la ejecución-, no debería ajusticiar a un hombre en estas condiciones. El test del ADN no ha encontrado sangre de Rocco bajo las uñas de Sarah, y faltan muchas otras piezas, como el reloj desaparecido de la chica, que podía aclarar los tiempos del delito o los exámenes nunca realizados sobre una toalla ensangrentada y sobre los tampones… Creo que el gobernador y todos los que apoyan la pena de muerte querían ajusticiarlo a toda costa porque temen al movimiento a favor de la moratoria. Un movimiento que está adquiriendo fuerza, y la admisión de un error judicial semejante habría obligado a Gilmore a escucharlo… El gobernador ha frenado el test del DNA, que podría haber absuelto a Rocco completamente, para no tener que admitir un error clamoroso+. La vida humana merece siempre un respeto pleno. Incluso la de los delincuentes. Y el derecho a la leg¡tima defensa no es una excepci¢n a ese principio inviolable. Por eso, siempre que existan otros medios para neutralizar al delincuente distintos de la muerte, emplear ‘sta es inmoral, aun cuando haya certeza de la comisi¢n del delito. Y cu nto m s cuando la sentencia condenatoria se basa en supuestos inciertos. ¥Qu’ fuerte que una ley propicie esto!
Mar¡a Angeles Ogayar Lozano
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