Acabo de leer que, ante las tropelías perpetradas en Italia por pederastas, han propuesto que este delito sea tipificado legalmente como crimen contra la Humanidad. Estoy totalmente de acuerdo. Pero creo que seríamos unos hipócritas si no incluyéramos, con mayor motivo, en este tipo de crímenes esos otros atentados contra la infancia que se están cometiendo impunemente con pretextos pseudo-científicos. Nos rasgamos las vestiduras -y con razón- ante esas imágenes de pederastia pero luego permitimos que hagan cosas peores y a niños aún más pequeños: que los aborten, los clonen, los fabriquen en laboratorio, los congelen, los usen para investigación, los implanten en una gestadora de alquiler, los clonen con óvulo de cerda, los procreen con gametos anónimos o de gente que no son esposos, que se los den a una pareja inestable o, no digamos ya, a una pareja gay, que los eliminen si vienen con algún defecto de fábrica, etc. y etc. Todo se puede hacer y cuando la cosa empieza a apestar a nazi, se le busca una futura utilidad «terap’utica» y «progresista», y todo resuelto. Y es que, en nuestra civilizaci¢n de la imagen, lo que no entra por los ojos no tiene importancia. Y, claro, en una sociedad tan poco racional, los embriones son los seres menos respetados porque son los que menos se ven.
Antonio Garc¡a Mudarra
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