Es espeluznate el relato que he leído de tres misioneros que trabajan en Colombia: ½Impera la cultura de la venganza. Se mata a un hombre como si fuese una gallina. Muchos, demasiados, por sólo 25 dólares están dispuestos a quitar del medio a quien sea. Incluso en la mente de los niños existe la convicción de que sólo se muere asesinado. Un niño, al ver entre las páginas de mi breviario la foto de mi padre, me preguntó quién lo había asesinado+. Según cuentan, quienes corren mayor riesgo en las masacres realizadas indistintamente por grupos guerrilleros y por milicias paramilitares son los niños. Los matrimonios se crean y se destruyen en pocos años. Los niños viven por las calles, sin protección. Muchos de ellos son atracados, maltratados, asesinados. Hace poco ha sido hallada una fosa común con los cuerpos de al menos 150 niños. Y el autor de la masacre ha desvelado la existencia de otras fosas comunes, con lo que empieza a emerger la trama de un feroz tráfico de órganos. Están desnutridos y, como tantos otros ni_os abandonados de cualquier parte del mundo, cuando tienen hambre se zambullen en los vapores cidos del pegamento, la droga de los desesperados. Algunas ni_as, escu lidas, empiezan a prostituirse en sus casas a los 9 a_os.
Carla Serrano Saquet
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