Vaya por delante que no pretendo hurgar en una herida que, ya de por sí, es demasiado dolorosa para los granadinos. Y mucho menos, sabiendo que abonar la polémica sobre el asesinato de Luis Portero, en el fondo es ofuscar que la culpa de que muriera no la tuvo la falta de escolta sino los caguetas de los etarras que le asesinaron cobardemente y los políticos que siguen el juego a esa criminal organización nazista. Pero quiero expresar mi repulsa por las excusas que han dado los responsables de la seguridad ciudadana. Es admisible que digan que no tienen policías suficientes para proteger a los miles de ciudadanos relevantes que hay en la ciudad. Pero me parece muy inoportuno aducir este argumento en este caso, por dos razones. Primera, porque Luis Portero no era uno de los muchos VIP¦S de la CIUDAD, sino la cuarta autoridad de la COMUNIDAD ANDALUZA, después de los presidentes de la Junta, del Parlamento y del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. La segunda razón por la que me parecen desafortunadas esas excusas, y que me mueve a escribir esta carta, es que el Delegado del Gobierno no puede aducir ignorancia sobre el particular, porque el difunto se hab¡a encargado repetidamente de expresar su repulsa por el ninguneo al que, en su persona, ven¡an sometiendo al ministerio fiscal en Andaluc¡a. Supongo que, en adelante, esto no volver a suceder. Pero, ¥qu’ pena que haya hecho falta su muerte para que su denuncia surtiera efecto!
Ana Carvajal Becerra
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