Después de tanto pretexto humanitario, al final se descubre que primaban las motivaciones pecuniarias. Así lo ha reconocido Robert Winston, ½padre de la probeta+ en los años 60, al declarar en un medio informativo que la fecundación artificial se ha convertido en un mero negocio que ha provocado el descuido de la lucha contra la esterilidad. Estas técnicas se emplean hoy día sin que se indague su necesidad y utilidad para la pareja que experimenta un problema de infertilidad. De este modo, los médicos ya no investigan sobre la manera en que se puede curar la infertilidad o esterilidad. Winston deja entrever que este fenómeno se da porque estas técnicas constituyen un gran negocio: cada intervención, se efectúa fuera del servicio sanitario británico y cuesta más de tres mil dólares. El profesor Salvatore Mancuso, director del Instituto de Ginecología de la Universidad de Roma, ha confirmado todo esto, explicando que son frecuentes los casos de mujeres frustradas por numerosos fracasos en estas t’cnicas, que sometidas a un correcto diagn¢stico, logran concebir de modo natural, sin necesidad de los laboratorios de los ginec¢logos: öLas investigaciones del mismo profesor Winston han probado que la microciruj¡a que reconstruye las trompas a veces lleva a resultados mucho mejores de cuanto hubiera sido posible con la fecundaci¢n artificial, donde el embri¢n es literalmente «arrojado» en el otero y las probabilidades de que se implante no superan el 15%+.
Antonio Garc¡a Mudarra
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