No han sido muy edificantes las nerviosas declaraciones del líder de Unió DemocrÓtica, Duran Lleida, sobre la congelación de los fondos sociales europeos que correspondían a Catalunya para el año 1999, hasta tanto no se elucide con total transparencia que ha ocurrido con las partidas de los últimos años, puestas en entredicho por la gestión al parecer un tanto dudosa de gente relacionada con su partido. El mensaje, apenas velado, criticando la publicidad dada por la Unión Europea a tal decisión, arguyendo que hubiera sido bastante más adecuado haberlo ventilado entre los despachos de las diferentes administraciones de allí y de aquí, sin que la gente nos enteráramos de qué iba el asunto, no va a misa, y eso no es ninguna referencia a la ideología demócrata cristiana que se le supone al citado líder. No va a tan pía actividad ni poco ni mucho, porque es de la correcta o incorrecta administración de dinero público de lo que se trata, y éste no es, como a veces parece que interpretan algunos, el dinero de nadie, sino precisamente el dinero de todos, y por eso somos todos los que tenemos derecho a saber con todo detalle lo que est ocurriendo con nuestro dinero. No hay privacidad alguna en este terreno, y la decisi¢n de la suspensi¢n cautelar de las transferencias correspondientes que han tomado los ¢rganos de decisi¢n de la Uni¢n Europea hasta que resplandezca con claridad di fana la correcta aplicaci¢n de este tipo de fondos, es una medida prudente, le guste o no al ilustre pol¡tico catal n que se ha sentido afectado por la medida. Para postre le ha faltado tiempo para poner en marcha el ventilador sugiriendo – es un decir – que entre los distintos asuntos sujetos a investigaci¢n tambi’n hab¡a alguno relacionado m s o menos con la ¢rbita de otro partido pol¡tico, como si que las posibles incorrecciones salpiquen a alguien m s representara alguna clase de carta blanca para ‘l y los suyos. Lo siento para su sensibilidad y su sobrevenida pudibundez, pero como administrado me gusta que se hagan bien las cosas y me encanta que, si acaso alguien no se ha comportado con total nitidez en asunto tan sagrado, se enmiende lo que haga falta a quien haga falta, sea ‘ste quien sea. Quiero decir que ante la eventualidad que no sea s¢lo su partido el que tenga las manos con cierto pringue, estar’ encantado de la vida que tambi’n les pongan las peras a cuarto a los otros despu’s que se las hayan puesto a ellos.
Hace unos cuantos a_os, en un pueblo del sur de la comarca del Maresme (Barcelona), en los tiempos de las segundas elecciones municipales desde la transici¢n, el partido que ostentaba la alcald¡a hizo publicar uno de esos panfletos que ahora son de conocimiento general y que llevan el t¡tulo de «Passem comptes» (Pasemos cuentas). El d¡a de la mesa redonda entre las distintas candidaturas que es costumbre celebrar unos d¡as antes de las elecciones, el l¡der del principal partido de la oposici¢n, enarbolando el panfleto antes citado se lanz¢ a analizar las distintas contradicciones que conten¡a, como bailes de fechas, afirmaciones abstractas, etc., haciendo especial menci¢n del nimo, que era perceptible de forma clara, de hacer creer en una bondad administrativa que, sin que cupiera presuponer, encima, ninguna irregularidad concreta de m s fuste, no parec¡a ser la nota predominante, especialmente porque tal bondad no precisa de ninguna clase de malabarismos con las cifras. El concejal de hacienda, m s o menos autor de lo que se criticaba, se puso en pie airado, bastante salido de tono, mientras el alcalde le dec¡a en voz baja a quien estaba a su lado – pero no lo suficientemente baja como para que no se le oyera – «que alguien le diga que se calle, que nos han pillado con los pantalones en los tobillos y aun ser peor». A m¡ me gust¢ el comentario. No soy nada partidario de segon qu’ filigranas, aunque de tanto en tanto s’ que puede haber alguna que otra circunstancia en que tampoco sea necesario cog’rsela m s de la cuenta con papel de fumar, pero me gusta el «fair play», el sentido del juego limpio, y aquel alcalde demostraba saber donde ten¡a la mano derecha y donde la mano izquierda. Sab¡a ganar y sab¡a perder, y yo soy de los que creen que cuando alguien que ha hecho algo no suficientemente claro se averg_enza de ello, no est todo perdido y aun tiene principios, ni que sea un tanto pecador.
Eso del dinero poblico es pegajoso, y la gente de a pie necesitamos podernos creer que cuando no se hacen las cosas suficientemente bien hay mecanismos para enmendarlo, en lugar de impunidad. A ratos quienes se dedican a administr rnoslos se quejan de no ser lo suficientemente apreciados, y que, tomados como clase, la sociedad civil tiene una fuerte tendencia estad¡sticamente comprobada a no tom rselos demasiado en serio. Creo necesario decir que no ser con actitudes como la del l¡der que ha inspirado estas l¡neas – por cierto un poco menos nacionalista y un poco m s a la derecha de lo que hab¡a estado hist¢ricamente su partido, en su apenas disimulado anhelo de conseguir ocupar una poltrona ministerial en un gobierno del PP en Madrid -, como se conseguir dotarles con un poco m s de prestigio.
Jordi Portell
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