Un buen amigo mío me cuenta que ha asistido, representando más o menos a Catalunya en su calidad de ex-Conseller de Cultura de la Generalitat, a un coloquio que se celebró en la villa occitana de VilanuÞva d’Olt (en francés Villeneuve sur Lot), bajo el atractivo lema «Langues de France, une richesse pour le XXIÞme siÞcle» (Lenguas de Francia, una riqueza para el siglo XXI), para hablar de la enseñanza normalizada de las distintas lenguas que se hablan allí, en sus instituciones públicas escolares, comparándola con las experiencias de otros estados de la Unión Europea que tienen la misma problemática, como por ejemplo España e Italia sin que ello agote el tema. El anecdotario, por lo que explica, fue bastante rico, especialmente por lo que se refería a las muy distintas formas de normalización en las distintas naciones que hoy componen aquel estado, y las muy distintas motivaciones para realizarla, de manera especial por los bastante distintos grados de asimilación francófona en detrimento de las otras lenguas como el corso, el bret¢n, el catal n, el alem n alsaciano, el lotaringio (alem n de Lorena), el vasco, el flamenco i especialmente el occitano, la verdadera bestia negra del sistema por el peso demogr fico de su mbito – doce millones de ciudadanos de los que apenas lo hablan dos millones – y destacando del mismo alguna an’cdota como que un antiguo embajador del pa¡s anfitri¢n, no demasiado federalista por cierto, hiciera constar poblicamente su criterio de que el caso de Catalunya era tema aparte dentro de la Uni¢n, por su singularidad en todos los aspectos, tanto el pol¡tico, como el econ¢mico y el cultural.
Un dato ciertamente alarmante fue la posici¢n de los sindicatos importantes de ense_antes, que se manifestaron rigurosamente partidarios del uniformismo ling_¡stico franc¢fono, con el fin de primar por encima de cualquier otra consideraci¢n los «derechos laborales» de los profesionales de la ense_anza que, si les fuera necesario el conocimiento de las lenguas de los distintos pa¡ses, en aplicaci¢n del programa de biling_ismo real que se pretende, para poder ir all¡ a ejercer la profesi¢n, ver¡an bastante recortadas sus posibilidades de escoger plaza. Por tanto, a los ni_os ciudadanos bretones, occitanos, catalanes, alsacianos, loreneses, flamencos, corsos y vascos, les pueden ir dando viento o morcilla, segon se prefiera, porque el acceso a su cultura propia, de acuerdo con e criterio de los sindicatos, debe preterirse al derecho de mobilidad de los ense_antes, que gracias a esa posici¢n no se acaba de saber que van a ense_ar que no sean las verg_enzas. Que pongan por delante su condici¢n de trabajadores y sus ego¡stas conveniencias como tales, en lugar de la funci¢n que se les supone de transmisores de cultura – en el sentido m s amplio – y de valores sociales, como el civismo, la libertad y la solidaridad, es m s bien preocupante. Hay que decir que esta clase de posiciones ante el hecho laboral/profesional no es, por desgracia, privativa de los ense_antes del estado vecino, sino que se extiende como una ominosa mancha de aceite que impregna m s de lo que ser¡a necesario a sus colegas de aqu¡. S¢lo hay que ir observando algunas de sus actuaciones, donde los derechos primordiales de los alumnos y los de los padres y madres – a quienes se supone sirven – no acaban de aparecer casi por parte alguna.
Soy de los ilusos que creen que existen ciertas profesiones, en concreto las que tienen que ver con derechos sagrados de los ciudadanos tomados uno a uno, individualmente, y no como reba_os a los que apacentar, como lo son de forma especial los que se dedican a la ense_anza y los que hacen lo mismo en los distintos grados de la sanidad, porque ejercen en sectores que afectan a materias tan delicadas como la formaci¢n c¡vica y cultural de los ciudadanos del futuro, los unos, y la salud y supervivencia de todos juntos los otros, que mal vamos si quienes se dedican a ello lo ven simplemente como una forma como otra cualquiera de ganarse la vida. Es evidente que no pretendo decir que tengan que renunciar a sus derechos leg¡timos en funci¢n de una dedicaci¢n que creo que tendr¡a que ser, antes que nada, vocacional, pero viendo segon qu’ panoramas como el que acabo de mencionar, creo que ser¡a m s bien conveniente que, como se hace por ejemplo en el caso de los polic¡as auton¢micos, se les exigiera un perfil personal que fuese adecuado para el ejercicio de la funci¢n poblica que al parecer se sienten llamados a desarrollar. De lo contrario podr¡a darse el caso que todos en conjunto termin ramos tan cultos y con tanto sentido comon como una famosa baronesa que cuando el otro d¡a en Tei. (El Maresme- Barcelona) – donde ella hab¡a pasado una parte importante de su infancia, motivo por el cual se le hab¡a pedido que pronunciara el preg¢n de las fiestas locales – el alcalde le sugiri¢ pronunciar unas palabras en catal n, manifest¢ que s¢lo entend¡a en arte, no en pol¡tica. Y se qued¢ tan ancha, la mujer.
Jordi Portell
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