Los malos tratos están a la orden del día, por desgracia. Es interesante la postura de las jóvenes mujeres, de la generación más educada de España. La educación debe ser un medio para erradicar los malos tratos.
En este sentido estoy de acuerdo con lo escrito por Irene García Castillo, del Grupo de Mujeres Jóvenes de Algarive, de Granada. De un tiempo a esta parte el problema de los malos tratos sufridos por muchas mujeres en sus relaciones de pareja ha saltado a los medios de comunicación, pasando de considerarse un conflicto de carácter privado a tratarse como un asunto social que demanda medidas en este sentido (concienciación, apoyo económico, psicológico y social a las víctimas). Esta preocupación pública se refleja en actos concretos, como los que realizarán el próximo día 25 de noviembre diversas asociaciones y colectivos denunciando estas agresiones y exigiendo soluciones satisfactorias tanto a corto como a largo plazo (educar para la igualdad).
En este sentido es necesario resaltar la importancia de prevenir estos sucesos, ya que son en gran medida la manifestaci¢n m s extrema de una socializaci¢n desigual que favorece la superioridad masculina y la existencia de relaciones basadas en la posesi¢n y el poder. Por ello no debemos quedarnos en la contemplaci¢n pasiva de estos acontecimientos ni en la indignaci¢n moment nea provocada por la muerte de una mujer en manos de su compa_ero, es imprescindible ir m s all y hacernos conscientes de que ese hecho es el punto final de una cadena de comportamientos y actitudes que sitoan a la mujer como un ser dependiente, menos valioso, que tiene que aprobar y satisfacer los deseos de su pareja.
A esta influencia no somos ajenas las chicas j¢venes tambi’n educadas, aunque de una forma m s sutil que en generaciones anteriores, para ser m s sumisas que los hombres, m s complacientes y subordinadas al mundo de los afectos y de las relaciones de pareja. Es interesante analizar hasta qu’ punto estamos condicionadas por el hecho de ser mujer y prestar atenci¢n a peque_os detalles que delatan los papeles sociales que se nos han asignado. Una vez que llegamos a reconocer que muchas veces nos encontramos ante injusticias provocadas por nuestra pertenencia a un g’nero y no a otro, podemos oponernos y reivindicar nuestro derecho a ser aut¢nomas, a decir que no, a no tolerar un trato agresivo ni psicol¢gica ni f¡sicamente y, sobre todo, exigir que se nos valore positivamente.
Por oltimo, queremos destacar que tanto hombres como mujeres pertenecemos a esta realidad social que nos afecta, por lo que todas y todos compartimos la responsabilidad de cambiarla.
Antonio Arjona Mart¡nez
*Informativos.Net no se hace responsable ni comaprte necesariamente las opiniones de los lectores.
