La próxima Jornada del Niño me lleva a pensar en tantos muchachos-soldado de Sierra Leona, destinados a convertirse en carne para deg³ello, durante la sangrienta guerra entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del Frente Unido Revolucionario (RUF), que flagela al país africano. Un acuerdo firmado en Lomé, en 1999, había prohibido la utilización de los ½baby-soldados+. Un año después, aquellos compromisos son ignorados tranquilamente. Los muchachos siguen siendo arrancados del seno de sus familias para convertirles en soldados de cualquiera de los dos frentes, condenados a arriesgar sus vidas por una causa que desconocen. No es difícil imaginar los traumas psicológicos que sufren estos niños-soldados. Y encima, con frecuencia son abandonados por sus propias familias que no los acogen tras años de terribles experiencias de las que han sido muchas veces involuntarios protagonistas.
Ana Carvajal Becerra
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